Con más de dos décadas dedicadas al tango, el pianista, arreglador y director de Pablo Valle Sexteto y Siempre Tango repasa los momentos que marcaron su carrera. Desde un descubrimiento casi casual del género hasta las giras internacionales, la formación de sus agrupaciones y el reconocimiento de nuevas generaciones de músicos, el artista reflexiona sobre el camino recorrido y el presente de una música que sigue encontrando nuevos públicos.

Hay trayectorias que parecen cuidadosamente planificadas, pero la de Pablo Valle demuestra que muchas veces los grandes proyectos nacen de la casualidad. El pianista recuerda que el tango no formó parte de su infancia ni de una tradición familiar. De hecho, su primer acercamiento llegó casi por accidente, cuando apenas tenía 12 años y comenzaron a aparecer en su casa unas partituras que despertaron su curiosidad. «Fue entonces cuando toqué ‘Adiós Nonino’ y ‘La Cumparsita’ por primera vez», recuerda. Sin embargo, aquel interés inicial quedó en pausa durante varios años hasta que, ya cerca de los 25, decidió formar un dúo junto a un guitarrista para comenzar a transitar profesionalmente el camino del tango.
Desde entonces pasaron más de veinte años y Valle fue testigo de una transformación importante dentro del ambiente tanguero. A su entender, hoy existe una escena mucho más amplia que la que encontró al comenzar. «Se ven muchos más músicos y cantantes en escena que antes», afirma, y atribuye ese crecimiento al auge de las milongas con orquestas en vivo, al incremento de milongueros en distintas partes del mundo y a la progresiva retracción del público de concierto tradicional
Al hablar de sus referentes, no duda un instante. Horacio Salgán ocupa un lugar privilegiado en su formación musical. Lo define como «un pianista exquisito» que consiguió modernizar el tango sin perder su esencia, evitando el virtuosismo como un fin en sí mismo. A ese nombre suma otros pilares fundamentales como Carlos Di Sarli, Osvaldo Pugliese y Rodolfo Biagi, músicos que continúan marcando el camino para las nuevas generaciones de intérpretes.
Paradójicamente, tampoco la creación de Pablo Valle Sexteto respondió a un plan previamente diseñado. El conjunto nació en 2013 como consecuencia de una propuesta inesperada. Mientras trabajaban habitualmente como cuarteto, recibieron la posibilidad de presentarse ante organizadores chinos interesados específicamente en una formación de sexteto. «Nunca busqué formar un sexteto; fue un accidente hermoso», resume. Aquella presentación finalmente no derivó en el viaje previsto, pero sí dejó algo mucho más importante: el nacimiento de una agrupación que con el tiempo se convertiría en una referencia dentro del tango actual. «Hoy nos conmueve que jóvenes de 20 años se acerquen para decirnos que somos sus referentes y que comenzaron a tocar escuchando nuestros discos», dice emocionado.
Con el paso de los años, el proyecto fue creciendo hasta ocupar un espacio propio dentro del circuito. Valle reconoce que nunca imaginaron semejante recorrido y que hoy una de las mayores satisfacciones consiste en escuchar a jóvenes músicos decirles que comenzaron a tocar después de descubrir sus discos. «Nos conmueve que chicos de 20 años nos digan que somos sus referentes», señala, una afirmación que refleja el lugar que el sexteto logró construir respetando las sonoridades tradicionales sin renunciar a una identidad propia.
Las giras internacionales constituyen otro de los capítulos más importantes de su carrera. Entre todas las experiencias vividas, guarda un cariño especial por Corea del Sur, donde realizó en 2009 su primera gira fuera del país. Aquella experiencia significó no solo el descubrimiento de otra manera de trabajar, sino también la confirmación de que el tango podía emocionar a públicos muy lejanos. Más recientemente, la gira realizada este año por Japón junto a Pablo Valle Sexteto terminó de cumplir uno de sus grandes anhelos personales.
A esa intensa actividad se suma la dirección de Siempre Tango, una formación que, según explica, también surgió de manera inesperada. El proyecto le permitió explorar otra faceta artística, conservando la esencia de las grandes orquestas de las décadas del cuarenta y del cincuenta, pero incorporando una mirada contemporánea y abriendo la puerta a colaboraciones con artistas de otros géneros, una libertad creativa diferente a la que desarrolla junto al sexteto.
La pandemia también marcó un punto de inflexión. Con los escenarios cerrados y las actividades suspendidas, Valle buscó nuevas formas de mantener vivo el contacto con la música. Así nació el ciclo Tangos a la distancia, publicado en su canal de YouTube. El mecanismo era sencillo, aunque novedoso para aquel momento: grababa las bases de piano, las enviaba a Guillermo Fernández para que registrara la voz y luego editaba ambos materiales hasta lograr una interpretación conjunta. No es casuliadad que el proyecto haya sido con Guillermo: Justo antes de la pandemia, Pablo trabajaba junto a Andrea Ghidone y Guillermo Fernández en el Teatro Tabarís. «Era nuestra forma de mantener la cordura en medio de la incertidumbre», recuerda. El resultado sorprendió incluso al público, que muchas veces creía que las interpretaciones se realizaban en vivo y de manera simultánea.
Otro momento especialmente significativo llegó en 2021, cuando alguien del ambiente le envió una imagen de un cuadro que relacionaba los distintos estilos orquestales del tango. Allí, junto a nombres históricos del género, aparecía el suyo. Aunque todavía desconoce quién elaboró ese esquema, confiesa que la emoción fue inmediata. «Existe mucho sacrificio para ganar un lugar en este ambiente», explica, y considera que esa inclusión representó una señal de que el trabajo realizado durante tantos años había comenzado a dejar una huella. Esta imagen se encuentra en el perfil de la cuenta de Instagram de Pablo.
Al final de la conversación, la mirada se dirige inevitablemente hacia atrás. ¿Qué pensaría aquel joven que recién empezaba si pudiera conocer todo lo que viviría décadas después? Valle sonríe antes de responder que probablemente no le creería. «¡Usted está loco, señor!», imagina que le diría ese «Pablito» que solo aspiraba a convertirse en profesor de piano para vivir de la docencia. Nunca imaginó recorrer el mundo gracias al tango, presentarse en algunos de los teatros más importantes de Buenos Aires, editar discos en el exterior, escuchar sus arreglos sonar en radios, programas de televisión y milongas de distintos países, ni compartir escenario con artistas que entonces parecían inalcanzables; en resumen, vivir plenamente de su pasión .
La frase con la que concluye resume no solo una carrera, sino también una vida dedicada a la música. «Ese joven Pablo se habría sentido plenamente satisfecho con solo el diez por ciento de lo que finalmente logré». Una reflexión que sintetiza el recorrido de un músico que encontró en el tango una vocación permanente y que, sin proponérselo, terminó convirtiéndose también en una inspiración para quienes hoy comienzan a escribir sus propias historias dentro del género.



