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Samuel Castriota: A 94 años sin el hombre detrás de “Mi noche triste”

El 8 de julio de 1932 fallecía Samuel Castriota, uno de los pioneros del piano tanguero y autor de la música de “Mi noche triste”, obra fundamental que marcó el nacimiento del tango canción y cambió para siempre la historia de la música rioplatense.

Samuel Castriota

Hay nombres que no siempre ocupan el centro de la escena, pero sin ellos la historia del tango sería imposible de entender. Samuel Castriota es uno de esos casos. Este 8 de julio se cumplen 94 años de la muerte del compositor y pianista nacido en Buenos Aires el 2 de noviembre de 1885, recordado especialmente por haber creado la música de «Mi noche triste», el tango que abrió una nueva etapa en el género y quedó asociado para siempre a la figura de Carlos Gardel.

Castriota perteneció a la generación de músicos que ayudó a transformar al tango desde sus formas más primitivas hacia un lenguaje cada vez más elaborado. Pianista de sólida formación popular, comenzó a tocar en cafés, salones y reuniones porteñas en una época en la que el tango todavía luchaba por ganarse un lugar en la sociedad. Con el tiempo se convirtió en uno de los primeros pianistas dedicados casi exclusivamente al género y dejó una importante producción de tangos, valses y milongas.

Sin embargo, ninguna de sus composiciones alcanzó la trascendencia de «Mi noche triste». La historia de esa obra es, en sí misma, una de las más fascinantes del tango. Castriota había compuesto un tango instrumental titulado Lita. Años después, el poeta Pascual Contursi tomó esa melodía y le agregó una letra cargada de melancolía, abandono amoroso y lenguaje coloquial porteño. El resultado fue «Mi noche triste», considerado por gran parte de los historiadores como el primer tango canción, es decir, el primer gran tango pensado para ser cantado con una letra narrativa y sentimental.

La obra adquirió dimensión histórica cuando Carlos Gardel la incorporó a su repertorio y la grabó en 1917. Esto más su inclusión en el sainete «Los dientes del perro» lanzó el nombre de los autores al conocimiento del público pero también provocó entre ellos roces por motivos económicos, no obstante lo cual volvieron a colaborar, pero sin éxito, en el tango Sentate hermano.

A partir de entonces el tango dejó de ser solamente música para bailar y comenzó también a convertirse en una canción capaz de contar historias, expresar emociones y construir personajes reconocibles para el público. Muchos especialistas señalan que ese cambio modificó para siempre el destino del género.

El propio Castriota fue testigo de cómo aquella melodía nacida como tango instrumental terminaba convirtiéndose en un fenómeno popular de enorme alcance. Aunque continuó componiendo otras piezas, entre ellas «La yerra», «La cotorrita», «Como quiera» y diversos valses y milongas, el peso histórico de «Mi noche triste» terminó eclipsando gran parte de su catálogo.

Su carrera transcurrió entre orquestas típicas, cafés y escenarios porteños en los años de consolidación del tango. Como pianista era reconocido por su conocimiento del repertorio popular y por una forma de tocar que combinaba la tradición criolla con los nuevos recursos que el género iba incorporando. En una época en la que el piano comenzaba a ganar protagonismo dentro de las orquestas, Castriota fue uno de los músicos que ayudó a definir ese camino.

Un día ganó un premio importante en la lotería y se alejó de la música para instalar un negocio de peluquería. Al tiempo, sin embargo, volvió a su pasión e integró como pianista un trío que completaban Vicente Loduca en bandoneón y Francisco Canaro en violín, que actuó algún tiempo por el barrio de la Boca, finalizando cuando decidió formar su propio conjunto.

Samuel Castriota murió el 8 de julio de 1932, cuando el tango ya era una de las expresiones culturales más importantes de la Argentina. Tenía 46 años y dejaba una obra que, quizás sin proponérselo, había cambiado el rumbo de la música ciudadana. Porque más allá de sus composiciones y de su trabajo como pianista, su legado quedó ligado a un hecho decisivo: haber creado la melodía que permitió el nacimiento de «Mi noche triste», el tango que abrió la puerta al tango canción y que todavía hoy sigue sonando en milongas, conciertos y homenajes alrededor del mundo.

Noventa y cuatro años después de su muerte, el nombre de Samuel Castriota continúa apareciendo cada vez que se cuenta cómo el tango pasó de los patios y los salones de baile a convertirse también en una canción capaz de emocionar, narrar y perdurar en la memoria colectiva.

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