Tras varios años sin actividad, el emblemático espacio del Abasto prepara su regreso para 2027 con una nueva propuesta artística y gastronómica de alto nivel. La Esquina Carlos Gardel está lista para iniciar una nueva etapa encabezada por Emir Fares, un joven empresario del mundo del tango.
La esquina Carlos Gardel «Chanta Cuatro»
Considerado uno de los lugares más emblemáticos de la cultura porteña, la sala del Abasto atraviesa un proceso integral de puesta en valor que buscará devolverle el protagonismo que ocupó durante décadas dentro del tango argentino. La reapertura está prevista para la temporada internacional 2027 y contempla una profunda renovación del espacio, un plan culinario de primer nivel y un espectáculo concebido alrededor de la figura y el legado de Carlos Gardel.
Con capacidad para aproximadamente 500 espectadores, la nueva Esquina Carlos Gardel buscará posicionarse entre las principales propuestas de tango de la Argentina y competir en el segmento más alto del mercado turístico internacional. La escala del proyecto la ubicará muy por encima de las tradicionales casas de tango medianas de la ciudad de Buenos Aires, que suelen operar con capacidades cercanas a los 150 pasajeros por función.
La definición llegó después de varios años de incertidumbre. Diversos grupos empresarios manifestaron interés por quedarse con la Esquina Carlos Gardel, uno de los activos más codiciados de la industria del tango. Finalmente, IRSA, propietaria histórica del inmueble, eligió el proyecto encabezado por Emir Fares, empresario de 39 años, para liderar la reapertura y el desarrollo de una nueva etapa del espacio.
La elección fue interpretada por numerosos observadores como una apuesta por el recambio generacional dentro de la actividad. Para muchos, la decisión reflejó también la voluntad de confiar el futuro del proyecto a una figura formada dentro del propio mundo del tango, con una trayectoria construida desde la actividad artística hasta la gestión empresarial. Detrás de la iniciativa se encuentra una inversión de varios millones de dólares destinada a la renovación integral del establecimiento y al desarrollo de una propuesta artística, gastronómica y comercial de gran escala.
Formado dentro del propio mundo del tango, Fares se ha consolidado como una figura reconocida y de influencia dentro del ambiente profesional del tango, además de ser uno de los principales referentes de una nueva generación de jóvenes dirigentes. Su recorrido le permite desenvolverse con naturalidad tanto en el universo artístico como en el empresarial, donde dialoga con bailarines, músicos y coreógrafos con la misma legitimidad con la que se relaciona con empresarios, inversores y operadores turísticos.
De esta manera, Emir Fares toma el control del reputado establecimiento y consolida su presencia dentro del prestigioso círculo de dueños de casas de tango de Buenos Aires. La incorporación del espacio del Abasto representa además un paso decisivo para la expansión del grupo empresario liderado por Fares, que pasa a operar dos de las marcas más reconocidas de la actividad: Bar Sur, en San Telmo, y la Esquina Carlos Gardel, en el Abasto.
Con un plan concebido para el mercado internacional y una fuerte apuesta artística y culinaria, el proyecto buscará devolver a la Esquina Carlos Gardel un lugar de referencia dentro de la industria del tango para tener un futuro próspero y exitoso como el que tuvo durante tanto tiempo en sus años de apogeo.
Desde este viernes y hasta el 21 de junio, la ciudad rionegrina será sede de la segunda edición del Festival y Campeonato Anual “Sí Querés Bailar, Bailá”, un encuentro que reunirá a bailarines, maestros, jurados y milongueros de distintos puntos de Argentina y del exterior.
San Carlos de Bariloche volverá a convertirse desde este viernes 19 de junio en uno de los principales puntos de encuentro para la comunidad tanguera de la Patagonia. Durante tres jornadas consecutivas, la ciudad recibirá a bailarines, docentes, organizadores y aficionados que participarán de una propuesta destinada a fortalecer el desarrollo del tango en la región y consolidar un espacio de intercambio artístico y cultural alrededor de la danza.
El encuentro se desarrollará entre el 19 y el 21 de junio en las instalaciones del Casino Club Bariloche, ubicado en la calle España 560. La iniciativa es impulsada por las organizadoras Patricia Gallo y Natalí Claveriz, quienes presentaron oficialmente el evento días atrás junto a referentes culturales y medios locales. Según la documentación presentada por la organización ante el Concejo Municipal, el campeonato tendrá entrada libre y gratuita para los espectadores, permitiendo que vecinos y turistas puedan asistir a las distintas actividades programadas.
La segunda edición llega luego de una primera experiencia realizada en 2025 en el Gimnasio Municipal Nº 3, que convocó a milongueros, bailarines y público procedente de distintas provincias argentinas, de la Ciudad de Buenos Aires, de diversos puntos de la Patagonia y también de países vecinos como Brasil y Chile. Ese nivel de participación permitió que el encuentro comenzara a posicionarse como un espacio de referencia para el tango patagónico, una meta que sus impulsores buscan profundizar este año. De acuerdo con la documentación presentada ante el Concejo Municipal, uno de los objetivos a mediano plazo es que Bariloche pueda proyectarse como futura sede de una preliminar oficial rumbo al Mundial de Tango.
Entre los invitados anunciados figuran reconocidos referentes de la danza tanguera como Los Totis —Virginia Gómez y Christian Márquez—, considerados entre los máximos exponentes del tango de salón y del estilo tradicional porteño; Josefina Bermúdez con Fabián Peralta, campeón mundial de Tango Salón 2006 y jurado de importantes competencias internacionales; y Vanesa Lamis junto a Alejandro Pereira, pioneros en el desarrollo del tango en Bariloche y actualmente radicados en Italia, donde continúan difundiendo la cultura tanguera argentina. Su presencia aportará jerarquía a un evento que combina formación, competencia y exhibición artística en un mismo espacio.
Más allá del aspecto competitivo, “Sí Querés Bailar, Bailá” también busca fortalecer la actividad cultural durante la temporada baja turística, generando movimiento en la ciudad y promoviendo el encuentro entre artistas, docentes, bailarines aficionados y público general. En ese sentido, la propuesta se presenta como una celebración del tango entendida no sólo como espectáculo, sino también como práctica social, espacio de aprendizaje y punto de encuentro para distintas generaciones de bailarines. Además, contará con más de cuatro millones de pesos en premios.
Con una programación que combinará competencias, clases, exhibiciones y milongas durante tres días consecutivos, Bariloche volverá a abrir sus puertas al abrazo tanguero. La expectativa generada tras el éxito de la edición inaugural y la presencia de figuras reconocidas del género anticipan un fin de semana en el que la ciudad patagónica buscará reafirmar su lugar dentro del mapa nacional del tango y seguir construyendo un evento que, paso a paso, aspira a convertirse en una cita fija para los amantes de la danza y la cultura popular argentina.
Este 12 de junio se cumplen 30 años del fallecimiento de Amadeo Mandarino, cantor de tango de extensa trayectoria que integró algunas de las formaciones más importantes de la música ciudadana y dejó una huella particular gracias a su estilo sobrio, su fraseo porteño y una carrera atravesada por la amistad y el reconocimiento de grandes figuras del género. Su paso por las orquestas de Osvaldo Pugliese, Aníbal Troilo y Manuel Buzón lo convirtió además en una de las voces que acompañaron el auge del tango bailable durante las décadas de 1930, 1940 y 1950.
Nacido en Buenos Aires en mayo de 1913, creció en el barrio del Abasto, una zona profundamente ligada a la historia del tango. La música formaba parte de su entorno familiar: su hermano Luis Esteban también fue cantor y compositor, mientras que Humberto Mandarino desarrolló una destacada trayectoria como bandoneonista. En ese contexto comenzó a forjarse el artista que, con apenas 17 años, debutó profesionalmente en Radio Splendid acompañado por guitarras.
Sus primeros pasos lo llevaron a actuar junto a la orquesta de Vicente Russo y posteriormente a perfeccionarse bajo la tutela del pianista y compositor Eduardo Pereyra. Más tarde integró el Cuarteto Melodía y desarrolló una intensa actividad radial, una plataforma fundamental para los intérpretes de la época. En junio de 1936 se incorporó a la orquesta de Manuel Buzón, una experiencia que contribuiría a consolidar su nombre dentro del ambiente tanguero.
Uno de los momentos más significativos de su carrera llegó en 1939, cuando fue convocado por Osvaldo Pugliese para participar del debut de la orquesta que el maestro presentó en el histórico café El Nacional de la calle Corrientes. Aquella invitación representó un reconocimiento importante para un cantor que ya comenzaba a ganar prestigio entre músicos y empresarios del circuito porteño.
Sin embargo, su paso más recordado se produjo al incorporarse a comienzos de 1940 a la orquesta de Aníbal Troilo. Allí compartió el puesto de cantor con Francisco Fiorentino, una de las voces emblemáticas de la agrupación. Aunque su permanencia se extendió durante casi dos años, las decisiones comerciales de la industria discográfica de la época limitaron su presencia en los estudios de grabación. Aun así, dejó un registro con la orquesta de Troilo que conserva un enorme valor histórico: el tango «Pájaro ciego», registrado el 28 de mayo de 1941 junto a Fiorentino. Con el paso del tiempo, esta interpretación se transformó en un testimonio fundamental para comprender aquella etapa de una de las orquestas más influyentes de la historia del tango.
Tras su salida de la formación de Troilo volvió a trabajar con Manuel Buzón, período en el que dejó grabaciones como «Al verla pasar», «Mano brava», «Jazmín Simón», «Música de organito», «Fueye» y el vals «Miedo». Aquellas interpretaciones acompañaron una etapa de gran popularidad del tango de salón y ayudaron a consolidar una forma de cantar especialmente apreciada por los bailarines por su claridad rítmica y expresiva. Posteriormente integró las agrupaciones de Alberto Soifer, Emilio Balcarce, Emilio Orlando y Cristóbal Herreros, manteniendo una presencia constante en radios, teatros y escenarios de Buenos Aires.
Desde mediados de la década de 1950 se radicó en Mar del Plata, ciudad donde desarrolló buena parte de su actividad artística posterior. Convertido en una figura habitual de la temporada costera, continuó actuando durante décadas y mantuvo vigencia en programas radiales, espectáculos y presentaciones especiales. Durante los meses de invierno también llevó su música a distintos escenarios del sur argentino y a la ciudad de Buenos Aires. Sus últimas apariciones en la capital incluyeron actuaciones en Canal 11 y en el histórico espacio tanguero El Viejo Almacén, de Edmundo Rivero.
Su último trabajo discográfico apareció en 1991 bajo el título A Pichuco y Fiorentino Eternos en mi recuerdo, un homenaje a dos de los artistas más importantes de su trayectoria. Cinco años después, el 12 de junio de 1996, Amadeo Mandarino falleció dejando detrás una carrera marcada por la elegancia interpretativa y el reconocimiento de sus pares.
A tres décadas de su partida, su nombre sigue ocupando un lugar especial en la memoria del tango. Dueño de una voz de barítono afinada y de un estilo alejado de los excesos, Mandarino representa a una generación de intérpretes que ayudó a construir la época dorada de la música ciudadana. Su legado permanece vivo en aquellas grabaciones que aún hoy permiten descubrir la sensibilidad y el carácter de un cantor que hizo de la amistad, la profesionalidad y el tango una forma de vida, y cuya voz continúa sonando en las pistas donde el abrazo milonguero mantiene vigente la tradición tanguera.
A ocho años de su despedida de los escenarios como bailarín, Iñaki Urlezaga anunció su regreso al baile con “El aplauso final”, un espectáculo que lo tendrá nuevamente sobre el escenario en una participación excepcional. La noticia sorprendió al mundo de la danza y marca el retorno de una de las figuras más importantes que ha dado el ballet argentino en las últimas décadas.
Iñaki Urlezaga
Cuando en 2018 Iñaki Urlezaga realizó su gira de despedida y puso fin a su carrera como intérprete, parecía cerrarse definitivamente una etapa histórica para la danza argentina. Por eso, el anuncio de su regreso a los escenarios generó una inmediata repercusión entre colegas, alumnos y amantes del ballet. El reconocido artista volverá a bailar en “El aplauso final”, una producción que él mismo define como un acontecimiento especial dentro de su trayectoria y que tendrá algunas de sus funciones principales los días 26 y 27 de septiembre de 2026 en el Teatro Ópera de Buenos Aires. La propuesta también contempla presentaciones en otras ciudades de la región y reunirá a destacados artistas invitados junto a la Orquesta Sinfónica Municipal de Florencio Varela, dirigida por el maestro Darío Domínguez Xodo.
La propuesta combina una primera parte integrada por fragmentos emblemáticos del repertorio clásico universal y por algunas de las producciones más representativas que acompañaron la carrera de Urlezaga, entre ellas Romeo y Julieta, La Traviata y El lago de los cisnes. La segunda mitad estará dedicada a la obra original que da nombre al espectáculo, concebida como una reflexión artística sobre el recorrido de un bailarín, la despedida de los escenarios y el vínculo que se construye a lo largo de los años con maestros, colegas, directores y espectadores. La puesta contará además con la participación de primeros bailarines invitados, entre ellos Julieta Paul y Bautista Parada.
La noticia adquiere una dimensión especial porque Urlezaga había mantenido desde su retiro una actividad principalmente vinculada a la dirección artística, la enseñanza, la producción y la difusión de la danza. Sin embargo, esta propuesta lo llevó a reconsiderar una decisión que parecía definitiva. En una entrevista con Clarín, el artista reconoció que nunca imaginó volver a bailar después de su despedida formal y habló con sinceridad sobre los desafíos que implica regresar a los escenarios a los 50 años. “Voy a hacer movimientos gráciles, pero no me voy a poner la calza”, señaló con humor. También admitió que el paso del tiempo modifica inevitablemente las posibilidades físicas de cualquier bailarín: “Tengo dolores físicos y padezco bailar”, expresó. En la misma entrevista aclaró que el público no encontrará al intérprete de hace dos décadas: “Bailar como me han visto bailar no lo van a ver”. Lejos de buscar una repetición de sus años de máximo virtuosismo técnico, el proyecto propone un encuentro distinto, atravesado por la experiencia y la madurez artística.
Nacido en La Plata el 12 de diciembre de 1975, Iñaki Urlezaga es considerado una de las figuras más destacadas de la historia reciente del ballet argentino. Se formó en el Instituto Superior de Arte del Teatro Colón, integró el Ballet Estable del Teatro Colón y desarrolló una destacada carrera internacional a partir de su incorporación al Royal Ballet de Londres en 1995 por invitación de Sir Anthony Dowell. Allí permaneció durante una década interpretando algunos de los principales roles del repertorio clásico. Más adelante también trabajó junto al Het National Ballet de los Países Bajos y se presentó en importantes escenarios de Europa, América y Asia. En el año 2000 fundó Ballet Concierto, compañía con la que impulsó numerosas giras y proyectos de difusión de la danza en todo el país. A lo largo de su trayectoria recibió múltiples reconocimientos nacionales e internacionales, entre ellos Premios Konex y distinciones obtenidas en prestigiosos concursos internacionales.
Más allá de los logros acumulados, el anuncio tiene un fuerte componente simbólico. La historia reciente de la danza argentina cuenta con pocos regresos de esta magnitud después de una despedida formal de los escenarios. En ese sentido, “El aplauso final” no aparece solamente como un nuevo espectáculo, sino también como una oportunidad para volver a ver en escena a un artista que marcó a varias generaciones de bailarines y espectadores.
A veces las despedidas no son definitivas. O, al menos, algunas merecen un regreso inesperado. Ocho años después de haber cerrado una etapa histórica de su carrera, Iñaki Urlezaga volverá a encontrarse con el público desde el lugar que lo convirtió en una referencia internacional: el escenario. Y esa sola noticia ya transforma a “El aplauso final” en uno de los acontecimientos más esperados de la temporada de danza.
El programa del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires ofrece a jubilados y pensionados acceso a actividades culturales gratuitas, descuentos en teatros, entradas para espectáculos y propuestas vinculadas al tango y la música popular. Qué beneficios incluye, quiénes pueden acceder y cuáles son algunas de las actividades destacadas de junio.
Clase de tango para los jubilados
La cultura también puede ser una herramienta de inclusión y encuentro. Con esa premisa funciona el Pase Cultural para Adultos Mayores, una iniciativa impulsada por el Ministerio de Cultura de la Ciudad de Buenos Aires que busca acercar a jubilados y pensionados a distintas actividades artísticas mediante entradas gratuitas, descuentos y propuestas especialmente pensadas para este sector de la población.
El beneficio está destinado a personas mayores de 60 años que residan en la Ciudad de Buenos Aires y perciban una jubilación o pensión . A través de una credencial física o digital, los beneficiarios pueden acceder a promociones, descuentos, actividades gratuitas y propuestas especiales organizadas por la red de espacios culturales adheridos.
Entre las iniciativas que más interés despiertan entre los amantes de la danza se encuentra la denominada «Milonga de Campeones», un ciclo gratuito que se desarrolla todos los lunes de junio en la Casa de la Cultura, ubicada en Avenida de Mayo 575. La actividad se realiza de 18 a 21 horas y propone una experiencia completa: una clase de tango a las 6 de la tarde, una milonga social con musicalización de DJ desde las 19 y una exhibición de baile a partir de las 20. La entrada es libre, gratuita, sin inscripción previa y sujeta a la capacidad de la sala.
El ciclo comenzó el pasado lunes 1 de junio con la participación de Iván Franco y Magalí Tokian, campeones de la Ciudad de Buenos Aires en la categoría Milonga. Este lunes 8 de junio será el turno de Maxi Cristiani y Evgeniia Samoilova, una dupla integrada por el campeón mundial de Tango de Pista 2013 y la campeona europea de Tango Escenario 2023. La programación continuará el 15 de junio con Karen Digiovanni y Luciano Cáceres, la pareja más elegante del Mundial de Tango 2009; el 22 con Bruno Mayo y Melissa Parra, los campeones de la Ciudad categoría Milonga 2006; y el 29 con Paula Tejeda y Lucas Carrizo, quienes se consagraron campeones de Tango de Pista de la Ciudad 2010. Todas propuestas con reconocidos referentes de la danza tanguera.
Otro de los grandes atractivos del Pase Cultural es el acceso al teatro. Los beneficiarios pueden obtener descuentos de hasta el 50%, promociones 2×1 y, en determinados casos, entradas gratuitas para distintas salas porteñas. Entre los espacios incluidos figuran teatros públicos como el San Martín, el Presidente Alvear, el Regio, el Sarmiento y el Teatro de la Ribera, además de salas independientes y propuestas gestionadas a través de Alternativa Teatral.
La oferta cultural no se limita al tango ni al teatro. Durante los últimos días también se realizaron peñas y encuentros musicales gratuitos destinados a adultos mayores, una propuesta que busca fomentar la participación social y el disfrute de las expresiones populares argentinas. Estas actividades forman parte de una agenda que se renueva periódicamente y que incluye además museos, cine, librerías, conciertos, talleres y visitas guiadas.
Para acceder al beneficio, los interesados pueden realizar el trámite de manera digital a través de la plataforma de Trámites a Distancia del Gobierno de la Ciudad. Además, se recomienda consultar los canales oficiales del Pase Cultural para verificar los puntos de atención presencial habilitados y los requisitos vigentes. Entre las condiciones generales se encuentran tener 60 años o más, ser jubilado o pensionado y acreditar residencia en la Ciudad de Buenos Aires mediante la documentación correspondiente.
En una etapa en la que muchas veces el costo de las entradas o de las actividades recreativas puede transformarse en una barrera, el Pase Cultural se presenta como una herramienta para ampliar el acceso a la vida artística porteña. Ya sea a través de una clase de tango con campeones internacionales, una función teatral, una peña folklórica o una visita a un museo, la iniciativa busca que la cultura siga siendo un espacio de encuentro, aprendizaje y participación para los adultos mayores de la Ciudad.
Cada 4 de junio Argentina celebra el Día del Cuarteto, una fecha que recuerda el nacimiento oficial de un género surgido en Córdoba en 1943 y que, más de ocho décadas después, continúa convocando multitudes. La historia de Leonor Marzano, el Cuarteto Característico Leo y la transformación de una música regional en patrimonio cultural reconocido por la UNESCO.
Cuarteto Característico Leo
Hay géneros musicales que nacen como una expresión local y permanecen ligados a un territorio. Otros, en cambio, logran atravesar fronteras geográficas, sociales y generacionales hasta convertirse en parte de la identidad de un país. El cuarteto pertenece a este último grupo. Cada 4 de junio, Argentina celebra el Día del Cuarteto, una fecha que recuerda la primera presentación pública del Cuarteto Característico Leo en 1943 y que rinde homenaje a una de las manifestaciones culturales más representativas de Córdoba y de la música popular argentina.
La elección de la fecha remite a un acontecimiento considerado fundacional. El 4 de junio de 1943, el Cuarteto Característico Leo realizó una transmisión radial para los oyentes de LV3 Radio Córdoba que marcó el nacimiento oficial del género. Integrado por Leonor Marzano, junto a su padre Augusto Marzano, Miguel Gelfo, Luis Cabero y Fernando Achaval, el conjunto desarrolló un sonido distintivo que pronto comenzó a diferenciarse de otras expresiones musicales de la época.
En esa construcción tuvo un papel fundamental Leonor Marzano, pianista y figura clave en la historia del cuarteto. Según la tradición más difundida y respaldada por distintas investigaciones sobre el género, fue ella quien desarrolló el característico ritmo conocido como “tunga-tunga”. Con la mano izquierda marcaba en los registros graves del piano un patrón que imitaba el golpe del contrabajo y acentuaba el compás saltado, mientras que con la mano derecha reproducía la alegría melódica propia del acordeón. Esa combinación terminó dando origen a una sonoridad única que se transformó en la marca registrada del cuarteto cordobés.
Aunque sus raíces combinan influencias de géneros europeos como la tarantela italiana, el pasodoble español y algunos ritmos centroeuropeos, el cuarteto desarrolló rápidamente una identidad propia. Durante décadas fue la banda sonora de bailes populares, clubes de barrio y celebraciones comunitarias, especialmente entre los sectores trabajadores de Córdoba.
Su crecimiento, sin embargo, no estuvo exento de obstáculos. Diversas investigaciones y testimonios históricos señalan que el género sufrió durante años el desprecio de ciertos sectores sociales que lo consideraban una música marginal. Además, durante algunos períodos dictatoriales, distintas expresiones de la cultura popular vinculadas a los bailes masivos fueron objeto de restricciones y controles. Lejos de desaparecer, el cuarteto fortaleció su arraigo popular y continuó expandiéndose.
La historia posterior del género puede contarse a través de algunos de sus grandes protagonistas. Figuras como Carlos ‘La Mona’ Jiménez, Rodrigo Bueno, Gary, Jean Carlos, Pelusa y, más recientemente, agrupaciones como La K’onga, Q’Lokura y artistas como Luck Ra, ampliaron su alcance y acercaron el ritmo cordobés a nuevas generaciones de oyentes y bailarines.
El reconocimiento institucional también acompañó ese recorrido. En el año 2000, la Legislatura de Córdoba sancionó la Ley Provincial 8855, que estableció oficialmente el 4 de junio como Día del Cuarteto. Más tarde, en 2013, el Congreso de la Nación declaró al cuarteto Patrimonio Cultural Inmaterial de los Argentinos. El punto más alto de ese proceso llegó en diciembre de 2025, cuando la UNESCO incorporó al cuarteto a la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. De esta manera, se sumó a otras expresiones culturales argentinas reconocidas internacionalmente, como el Tango, el Filete Porteño y el Chamamé.
Hoy, a más de ocho décadas de aquella histórica transmisión radial de 1943, el cuarteto sigue siendo mucho más que un género musical. Es una forma de encuentro social, una tradición bailable que atraviesa generaciones y una de las expresiones culturales más reconocibles de la Argentina contemporánea. Cada 4 de junio, la celebración no solo recuerda un origen: también confirma la vigencia de un ritmo que nació en Córdoba y terminó convirtiéndose en patrimonio de todos.
A casi tres décadas de sus primeros pasos en el tango, el bailarín cordobés repasa su recorrido artístico, la conquista del Mundial de Tango, su historia junto a Carla Mazzolini, las giras por Japón, el proyecto social que impulsa en Uruguay y el desafío de asumir la dirección artística del histórico espacio Chanta Cuatro.
Gaspar Godoy y Carla Mazzolini
Hay trayectorias que parecen atravesadas por la casualidad, aunque detrás de ellas existan años de trabajo, formación y perseverancia. La de Gaspar Godoy es una de esas historias. Referente de una generación de bailarines que creció junto a la expansión internacional del tango, el cordobés construyó una carrera que lo llevó desde sus primeras clases siendo adolescente hasta los escenarios más importantes del mundo. Hoy, mientras se prepara para asumir junto a Carla Mazzolini la dirección artística del espectáculo de Carlos Gardel en Chanta Cuatro, mira hacia atrás y encuentra un recorrido marcado por desafíos, viajes, reinvenciones y una pasión que nació casi por sorpresa.
Su primer contacto con el tango ocurrió en 1998, cuando tenía apenas 13 años. Durante un espectáculo de despedida organizado para su hermano mayor antes de emigrar a España, observó desde la platea a una pareja de niños bailando tango. Aquella imagen fue suficiente para despertar su curiosidad. “Recuerdo que miré a mi madre y le dije: ‘si ellos pueden hacer eso y compartir tiempo con mi hermano, yo también lo puedo hacer’”, cuenta. Pocos días después tomó su primera clase y nunca más se alejó del género. “Podemos decir que empecé por envidia”, bromea.
Desde entonces fue testigo privilegiado de la transformación de la escena tanguera. Para Godoy, uno de los puntos de inflexión más importantes fue la creación del Campeonato Mundial de Tango en 2003. “Hubo un quiebre en la historia del tango cuando nació el Mundial. Cambió muchísimo todo y lo sigue haciendo. Creo que la organización del evento no tenía idea que iba a generar tantos cambios dentro de la escena”, asegura. Según explica, la aparición de las categorías Tango de Pista y Tango Escenario modificó profundamente la manera de entender y desarrollar la danza. “Antes de eso, el tango era uno solo”, resume.
Ese mismo año llegó uno de los momentos decisivos de su carrera: la consagración en el campeonato junto a su entonces compañera de baile. Lejos de considerar aquel logro como una meta cumplida, lo recuerda como el verdadero comienzo de su formación artística. “Muchas personas piensan que ganar un Mundial es llegar a todo. Para mí fue un trampolín para darme cuenta de que recién ahí podía empezar a construir mi carrera como artista”, afirma. Al venir de Córdoba, Gaspar no tenía las herramientas para poder desarrollarse bien, y es por eso que aprovechó el impulso para poder empezar a estudiar de manera más profesional lo que quería hacer. El reconocimiento le abrió puertas, le permitió viajar por el mundo y compartir experiencias con figuras que hasta entonces admiraba desde lejos. “Me cambió la vida”.
También gracias a aquella conquista comenzó una relación profesional que se mantiene hasta hoy con Japón. Lo que inicialmente iba a ser una breve experiencia de 15 días, terminó convirtiéndose en un vínculo de más de dos décadas. Godoy recuerda que el primer viaje surgió a través de un productor japonés que conoció a los campeones mundiales y decidió invitarlos a trabajar. Al haber ganado el Mundial, tuvieron un contrato de trabajo durante un año con el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. «No cobramos un peso extra ya que el salario venía por parte del contrato del Estado, por lo que no tuvimos remuneración alguna por el viaje», recuerda. Sin embargo, al enterarse de esto, el productor les ofreció que si ellos trabajaban bien iban a laborar juntos durante mucho tiempo. “Es al día de hoy que llevo 24 años trabajando con él, sin haber firmado nunca nada. Siempre con respeto, honor y la palabra como es tradición en su cultura”, destaca.
En paralelo, la vida personal también fue encontrando su lugar dentro del tango. Su historia con Carla Mazzolini comenzó mucho antes de convertirse en una de las parejas artísticas más reconocidas del circuito. “Primero fue compañera de vida y luego de baile”, cuenta. Se conocieron trabajando en una misma compañía y durante casi dos años, él insistió con invitaciones que siempre recibían la misma respuesta: «Era todos los días tratar de invitarla a una cena, un café o lo que sea, remando y mandándole mensajes para constantemente recibir un ‘no, gracias’ de ella». Hasta que un día ella le aceptó una salida al cine, y desde ese momento sus vidas cambiaron para siempre. Al poco tiempo comenzaron su relación y, hacia 2010, decidieron emprender juntos a la par el camino profesional sobre los escenarios para terminar siendo un dúo que toda persona de la escena conoce y admira.
La pandemia también marcó un antes y un después en sus vidas. En 2020, quedaron varados en Japón junto a su hijo cuando comenzaron a cerrarse las fronteras. Durante aquellos meses inciertos, Godoy se contagió de COVID-19 y permaneció internado durante veinte días: «El tema fue que, al ser la primera oleada en el mundo, los médicos no sabían bien qué darme o cómo tratar el virus, por lo que simplemente me daban un calmante para el dolor y poco más». Tras recuperarse, la familia logró regresar gracias a la intervención de la embajada uruguaya, ya que la argentina en ese momento no tenía vuelos de repatriación, y se instaló en Paysandú. “Se puede decir que gracias al virus arrancamos una nueva vida en otro país”, reflexiona. El cambio fue muy grande en cuanto a la seguridad porque en Buenos Aires vivían en pleno centro y en donde ahora se encuentran es más tranquilo.
Fue precisamente allí donde nació uno de los proyectos que más orgullo le generan: “Paysandú es Tango”. Lo que comenzó como un simple ciclo de clases terminó convirtiéndose en una plataforma de formación artística para jóvenes bailarines. El proyecto creó un elenco estable, impulsó una orquesta de tango, promovió la capacitación de nuevas generaciones e incluso alcanzó notoriedad televisiva al llegar a la final de Got Talent. “La culminación llegó cuando logramos que seis integrantes hoy puedan vivir del tango gracias al proyecto, dos de ellos están en Buenos Aires y los otros cuatro están en Lituania”, confiesa. Para Godoy, el mayor logro fue demostrar que el tango también puede ser una herramienta de desarrollo para los más jóvenes y poder lograr que el género llegue a las escuelas de Paysandú para que los niños tengan la posibilidad de conocerlo desde otra perspectiva.
A lo largo de estos años, también tuvo la posibilidad de convertirse en jurado del Mundial de Tango, una experiencia que describe como un privilegio. “Es estar buscando a los mejores del mundo en el género tanguero y no es poca cosa”, sostiene. Ahora que está como organizador de preliminares, no tiene la autorización para ser juez. Sin embargo, al nacer en los Mundiales, para Gaspar pasar con el tiempo a ser jurado es una satisfacción y una responsabilidad muy grande.
Ahora, sin embargo, el desafío es diferente. La reapertura de Chanta Cuatro lo encuentra dando un paso nuevo en su carrera: asumir la dirección artística de un espectáculo dedicado a Carlos Gardel. Y aunque está acostumbrado a los escenarios, reconoce que esta responsabilidad tiene un peso especial. “Todo tanguero ha querido estar en ese emblemático lugar. Saber que reabre sus puertas y que tenemos la posibilidad con Carla de dirigir el espectáculo es una inmensa alegría y una responsabilidad gigante”, afirma. Para Godoy, el reto implica salir de la comodidad del baile para asumir una mirada integral sobre el espectáculo. “Es salir de la zona de confort del bailarín escénico y ponerse en el papel de director”, concluye.
Si algo demuestra la historia de Gaspar Godoy es que el tango sigue siendo un territorio de transformación permanente. Desde aquel adolescente cordobés que descubrió el género observando a dos niños bailar hasta el director artístico que se prepara para encabezar una nueva etapa en Chanta Cuatro, su recorrido refleja cómo la pasión, la resiliencia y la capacidad de reinventarse pueden convertir una vocación temprana en una vida entera dedicada al arte junto a quienes más amás.
La ciudad entrerriana fue escenario durante el fin de semana de una nueva edición de las Preliminares Oficiales del Tango BA Festival y Mundial. Con competencias, capacitaciones, exhibiciones y una destacada convocatoria de bailarines de distintas provincias, la sede consagró a sus ganadores y definió a la pareja que avanzará a las instancias decisivas del certamen internacional en Buenos Aires.
Gualeguaychú volvió a convertirse este fin de semana en uno de los puntos de encuentro más importantes del tango argentino. Durante el sábado 30 y el domingo 31 de mayo, la ciudad fue sede de las Preliminares Oficiales del Tango BA Festival y Mundial 2026, una de las competencias clasificatorias que integran el circuito internacional rumbo al tradicional certamen que cada año culmina en la Ciudad de Buenos Aires. Con una intensa programación que combinó competencia, formación, exhibiciones y espacios de encuentro para bailarines y aficionados, la ciudad reafirmó su lugar dentro del calendario oficial del tango nacional.
La actividad se desarrolló en el Club Recreo Argentino y reunió a parejas provenientes de Entre Ríos, Santa Fe, Córdoba, Corrientes y también de las ciudades bonaerenses de Zárate y Campana, regiones habilitadas para participar en esta sede. A lo largo de las dos jornadas, el evento ofreció no solo las instancias competitivas, sino también workshops, espacios de intercambio y propuestas abiertas al público, combinando el espíritu de la competencia con actividades vinculadas a la difusión y el fortalecimiento de la cultura tanguera.
La jornada inicial estuvo marcada por las primeras rondas de competencia y por distintas actividades formativas vinculadas a la musicalización, la historia del tango y herramientas coreográficas para la pista. Según destacaron los organizadores, uno de los aspectos más valorados del encuentro fue precisamente la posibilidad de combinar el nivel competitivo con instancias de aprendizaje y reflexión sobre el baile social. El clima de camaradería entre participantes y público fue una de las postales más destacadas del fin de semana.
La definición llegó el domingo 31 de mayo. Desde el mediodía se desarrolló un workshop sobre el abrazo y la caminata como base del baile social, abordando además los acentos rítmicos y melódicos en el fraseo, a cargo de Gisela Paula Natoli y Facundo de la Cruz, dos de las figuras convocadas para integrar el jurado. Más tarde se realizaron las acreditaciones de los finalistas y posteriormente tuvo lugar la semifinal y final de la competencia. La programación incluyó además una exhibición especial de Iván Leonardo Romero y Silvana Núñez, completando una jornada que mantuvo al público siguiendo cada presentación con atención y entusiasmo.
En la categoría oficial Tango Pista, la gran ganadora fue la pareja integrada por Ingrid Iregui, representante de Gualeguaychú, y Luis Ángel Rojas, de Paraná. Gracias a esta consagración, ambos obtuvieron el pase a los cuartos de final que se realizarán en Buenos Aires dentro del marco del Tango BA Festival y Mundial 2026. Además, la organización local otorgará a los campeones pasajes y estadía para participar de esa instancia, uno de los beneficios más valorados por los competidores de las sedes preliminares. El segundo puesto fue para Mariel Quintana Grasso y Cristian Quevedo, representantes de Maciá y Santa Fe, mientras que el tercer lugar quedó en manos de Ángela Sarmiento y Félix Bon, también de Gualeguaychú.
Además de la competencia oficial, la sede entrerriana presentó categorías locales complementarias que ampliaron la participación de los bailarines. En Tango Senior, los campeones fueron Liliana Haydée Salinas y Elbio Omar Peralta, de Santa Fe. El segundo lugar fue para Nancy Beatriz Cisneros y Gualberto Salvador Cuevas, de Campana, mientras que el tercer puesto correspondió a Teresita Torres y Víctor Doello, representantes de Gualeguaychú. Por su parte, en la categoría Vals y Milonga volvieron a imponerse Ingrid Iregui y Luis Ángel Rojas, reafirmando el gran nivel mostrado durante todo el fin de semana. El segundo lugar fue para Mariel Quintana Grasso y Cristian Quevedo, mientras que Ángela Sarmiento y Félix Bon completaron el podio en la tercera posición. Estas modalidades formaron parte de una propuesta especial impulsada por la organización local y no corresponden a las categorías oficiales del Mundial que se disputará en Buenos Aires.
La evaluación estuvo a cargo de un jurado integrado por Gisela Paula Natoli, Silvana Núñez, Iván Leonardo Romero y Facundo de la Cruz, todos referentes con amplia trayectoria en el tango argentino y experiencia en festivales y competencias oficiales. Como veedor oficial participó Martín Frosio, productor general del Festival y Mundial de Tango.
Con una importante convocatoria de público, actividades paralelas y parejas llegadas desde distintos puntos de la región, Gualeguaychú volvió a demostrar por qué se consolidó como una de las sedes oficiales del Tango BA. Mientras los ganadores ya comienzan a prepararse para su próximo desafío en Buenos Aires, la ciudad cerró un fin de semana marcado por la competencia, la formación y el encuentro entre bailarines, reafirmando el lugar que el tango ocupa dentro de la vida cultural de la región.
Cada 29 de mayo, Argentina celebra el Día Nacional del Folklorista en homenaje al nacimiento de Andrés Chazarreta, figura clave para la preservación y difusión de las danzas y músicas tradicionales. En 2026, además, la fecha coincide con el 150° aniversario del nacimiento del artista santiagueño que transformó para siempre la cultura popular argentina.
Cada 29 de mayo, el calendario cultural argentino vuelve la mirada hacia una figura imprescindible para entender la historia del folklore nacional: Andrés Avelino Chazarreta. La fecha, instituida oficialmente en 2011 mediante la Ley 26.665, recuerda el nacimiento del músico, investigador y recopilador santiagueño nacido el 29 de mayo de 1876, considerado uno de los grandes responsables de haber llevado las danzas tradicionales argentinas desde los patios y reuniones populares hasta los escenarios teatrales del país. Este 2026, además, la conmemoración adquiere un valor especial: se cumplen exactamente 150 años de su nacimiento.
Aunque hoy muchas de las danzas folklóricas argentinas forman parte del patrimonio cultural cotidiano, a comienzos del siglo XX la situación era muy distinta. En una Buenos Aires profundamente influenciada por las modas europeas, las expresiones artísticas del interior del país solían ser vistas como manifestaciones menores o incluso “rústicas”. En ese contexto, Chazarreta emprendió una tarea que terminaría siendo decisiva: recorrer provincias, recopilar músicas, reconstruir coreografías y preservar tradiciones que hasta entonces se transmitían principalmente de manera oral.
Maestro rural, violinista y apasionado investigador, Chazarreta comenzó a reunir bailarines y músicos hacia 1906 para formar lo que luego sería su célebre Compañía de Arte Nativo. Con ese conjunto inició extensas giras por distintas regiones argentinas, presentando gatos, chacareras, zambas, escondidos y vidalas en una época en la que muchas de esas expresiones ni siquiera tenían documentación escrita sistemática. También publicó los libros Coreografía de danzas folklóricas, fundamentales para la enseñanza y preservación de estas manifestaciones culturales.
Uno de los episodios más recordados de su trayectoria ocurrió el 16 de marzo de 1921, cuando presentó a su compañía en el antiguo Teatro Politeama de Buenos Aires. Aquella función es considerada un punto de inflexión para el folklore argentino. La llegada de músicos y bailarines del interior a uno de los escenarios más prestigiosos de la capital generó sorpresa e incluso rechazo en ciertos sectores porteños acostumbrados a espectáculos europeos. Distintas reconstrucciones históricas señalan que parte del público reaccionó con frialdad e incluso abandonó la sala durante la función. Sin embargo, la intervención del escritor e intelectual Ricardo Rojas resultó decisiva: desde las páginas de La Nación defendió el espectáculo y lo definió como “un trozo de la vida del interior trasplantada a la ciudad cosmopolita”. Con el correr de las funciones, la propuesta terminó convirtiéndose en un éxito y abrió una nueva etapa para la difusión del folklore argentino en los grandes escenarios urbanos.
La historia de Chazarreta también está atravesada por episodios simbólicos que reflejan las tensiones culturales de la época. En 1911, por ejemplo, intentó presentarse en el Teatro 25 de Mayo de Santiago del Estero, pero le negaron el espacio bajo el argumento de que estaba reservado “para compañías de primer orden”. Años más tarde, aquel mismo artista terminaría siendo reconocido como uno de los mayores impulsores de la identidad cultural argentina.
Además de compositor y director, Chazarreta realizó una enorme tarea de recopilación histórica. Durante sus viajes reunió centenares de melodías y danzas tradicionales, llegando a registrar cerca de 395 piezas en SADAIC entre obras propias y recopilaciones. Entre sus trabajos más valorados aparece la recuperación de la “Zamba de Vargas”, conocida como «la madre de todas las zambas» y la zamba más antigua de la que se tenga registro musical.
A 150 años de su nacimiento, la figura de Andrés Chazarreta sigue ocupando un lugar central en la danza folklórica argentina. Cada festival, cada peña y cada escenario donde suenan chacareras, gatos o zambas mantiene viva parte de aquella tarea de rescate cultural iniciada hace más de un siglo. El Día Nacional del Folklorista no solo homenajea a un artista fundamental: también recuerda el momento en que las danzas populares argentinas comenzaron a ser reconocidas como una parte esencial de la identidad cultural del país.
Entre cielitos, gatos, candombes y contradanzas, la música y el baile también formaron parte de la vida cotidiana en el Buenos Aires de 1810. Qué danzas se practicaban realmente durante la época revolucionaria y cuáles son los mitos históricos que todavía persisten en las celebraciones patrias.
Cada 25 de Mayo, la Argentina vuelve la mirada hacia 1810 para recordar la Revolución de Mayo y la conformación del Primer Gobierno Patrio. Pero además de las discusiones políticas y los acontecimientos históricos que marcaron el inicio del camino independentista, aquella época también estuvo atravesada por la música y la danza, expresiones culturales que reflejaban la diversidad social, étnica y popular del Río de la Plata. Detrás de las escarapelas, los actos escolares y las recreaciones patrióticas, existía un universo de bailes criollos, europeos y afrodescendientes que formaban parte de la vida cotidiana de la sociedad colonial.
Lejos de la imagen homogénea que muchas veces dejaron las representaciones escolares del siglo XX, el Buenos Aires de 1810 convivía con distintas tradiciones culturales. En los salones de las familias acomodadas predominaban danzas europeas como el minué, la contradanza, el vals, la alemanda o las boleras, heredadas de las modas españolas y francesas que circulaban entre la élite virreinal. Mientras tanto, en patios, pulperías y reuniones populares comenzaban a expandirse expresiones criollas que luego se convertirían en símbolos de la identidad folklórica argentina.
Entre esas danzas aparecía el cielito, considerado una de las formas coreográficas más representativas de la época revolucionaria. De raíz criolla y derivado de la contradanza europea adaptada al Río de la Plata, el cielito combinaba música, canto y figuras coreográficas grupales. Distintas fuentes especializadas en folklore argentino señalan que fue una de las primeras manifestaciones musicales vinculadas directamente al clima político y patriótico que acompañó las guerras de independencia.
También se practicaban el gato y el malambo. El gato, llegado desde Lima vía Chile y posteriormente expandido en el territorio rioplatense, se caracterizaba por el juego de galanteo entre las parejas, los desplazamientos ágiles y el uso del pañuelo como elemento expresivo. El malambo, en cambio, era una danza individual masculina asociada al ámbito rural y al lucimiento del zapateo, especialmente entre gauchos y trabajadores de las estancias. Más que una danza social, funcionaba como una demostración de destreza, resistencia y habilidad rítmica.
Otra presencia fundamental de la época era el candombe, practicado por las comunidades afrodescendientes que formaban una parte central de la población porteña de comienzos del siglo XIX. Sus reuniones, muchas veces llamadas “tambos” o “tangos”, términos que hacían referencia a reuniones, fiestas o bailes, incluían música de tambores, canto y danza colectiva. La participación afro en la vida cultural del período fue decisiva, aunque durante décadas quedó invisibilizada en numerosos relatos históricos tradicionales. Hoy, distintas investigaciones académicas y culturales recuperan esa dimensión para comprender de manera más completa el entramado social del Buenos Aires revolucionario.
El caso del pericón merece una aclaración especial. Aunque suele aparecer como la gran “danza patria” en actos escolares y celebraciones oficiales, el Pericón Nacional tal como se conoce actualmente corresponde a una reconstrucción y codificación posterior, desarrollada varias décadas después de 1810. En tiempos de la Revolución existían formas primitivas o antiguas vinculadas al cielito y al pericón temprano, pero no la versión coreográfica estandarizada que se popularizó más adelante con bastonero, figuras complejas y organización escénica definida.
Algo similar ocurre con el vestuario tradicional asociado al 25 de Mayo. Muchas de las imágenes que hoy forman parte del imaginario popular —como los peinetones enormes, las telas a lunares o ciertos vestidos ampulosos— pertenecen en realidad a décadas posteriores. Los especialistas en folklore histórico remarcan que buena parte de la estética utilizada en actos escolares responde más a una construcción simbólica nacional que a una reconstrucción exacta de la moda de 1810. Aun así, esos elementos terminaron consolidándose como parte del lenguaje visual con el que generaciones enteras aprendieron a representar la historia patria.
Con el paso del tiempo, otras danzas folklóricas como la chacarera o la zamba comenzaron a incorporarse a las celebraciones patrias contemporáneas, aunque no correspondan específicamente al contexto de Mayo de 1810. Su presencia actual refleja cómo la fecha fue ampliando su dimensión cultural hasta transformarse en una celebración de la identidad argentina en sentido más amplio.
Más de dos siglos después, el 25 de Mayo continúa encontrando en la danza una de sus expresiones culturales más potentes. Desde los cuadros folklóricos escolares hasta las peñas y festivales populares que se organizan cada año en distintos puntos del país, el movimiento sigue funcionando como una forma de memoria colectiva. Porque además de recordar un hecho político fundacional, las danzas también permiten reconstruir los gestos, sonidos y encuentros de una sociedad que comenzaba a imaginarse como nación.