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Walter Delgado: «Ninguno de los trajes que hice desde 1996 tuvo etiqueta y aún así la gente de cualquier parte de mundo sabe cuál es mi vestido»

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Desde que llegó a Buenos Aires en 1996, Walter Delgado construyó una trayectoria ligada al vestuario para el espectáculo y, especialmente, al tango. En diálogo con En Camarines, el diseñador repasa sus primeros pasos, la evolución de sus creaciones, el aprendizaje que encontró en la danza, sus experiencias internacionales, los reconocimientos recibidos y la particular relación que mantiene con las bailarinas que llevan sus vestidos.

Walter Delgado

Antes de que su nombre quedara asociado a los vestidos de tango, Walter Delgado trabajaba en un ámbito completamente diferente. Entre 1997 y 1998 se dedicaba al vestuario para espectáculos de drag queen cuando un encuentro fortuito terminó abriéndole las puertas del mundo tanguero. Un mozo que estaba en pareja con el bailarín y coreógrafo Leonardo Cuello le habló de su trabajo y Cuello envió a su compañera de baile, Verónica López, para que diseñara con él el vestido que utilizaría en Los pájaros perdidos. «Ahí fueron mis comienzos dentro del mundo del tango», recuerda.

La relación de Delgado con la costura, sin embargo, había comenzado mucho antes. Su madre era modista y él creció observándola trabajar. A los cinco años y medio aproximadamente tuvo su primera experiencia frente a una máquina de coser y las telas, aunque el resultado le costó un reto familiar. Para regalarle un pantalón a su sobrino Darío, tomó el único jean de su padre, descosió las costuras centrales y lo transformó en una pequeña prenda. «Eso me costó un reto importante», cuenta entre risas.

Cuando llegó desde el norte argentino a Buenos Aires en 1996, su objetivo era mucho más modesto: tener un local y dedicarse a confeccionar vestidos. El espectáculo, según explica, apareció sin que lo buscara. «El espectáculo me encontró, me eligió y acá estoy», sintetiza. Desde entonces, su trabajo fue creciendo a medida que también lo hacía su experiencia. Sus primeros diseños fueron dando paso a nuevas técnicas, mejores elecciones de materiales y una comprensión cada vez mayor de las necesidades de quienes los utilizan.

Para Delgado, diseñar un vestido de tango no consiste simplemente en pensar una prenda atractiva. El cuerpo y el movimiento son parte central del proceso. Por eso, distingue entre el vestuario de un espectáculo y el destinado a una competencia, donde además deben contemplarse las reglamentaciones correspondientes. «El diseño es en base al movimiento, la necesidad de lo que ellas quieren mostrar y para dónde lo quieren mostrar», explica. La música también ocupa un lugar determinante en el diseño según Walter: «No es lo mismo diseñar un vestuario para un show que para una competencia, donde hay que tener en cuenta muchas cosas por reglamento. El resto, no tenemos límite las chicas y yo, nos dejamos llevar por lo que la música nos pide».

Su propia experiencia corporal terminó modificando la manera de diseñar. Después de años de trabajar con la máquina de coser, comenzó a tomar clases de danza por una cuestión de dolores físicos. Una bailarina le propuso asistir a sus clases y aquella experiencia terminó cambiando su perspectiva profesional. Aprender a moverse le permitió comprender mejor los cuerpos, los desplazamientos y las exigencias que enfrenta un vestuario sobre el escenario. Actualmente toma clases de danza clásica, estiramiento y jazz, y también tuvo acercamientos al hip-hop, los ritmos urbanos y el tango.

Aunque asegura que le gustaría bailar, existe una paradoja que lo mantiene alejado de las pistas. Su lugar dentro del ambiente hace que, cuando intenta hacerlo, las bailarinas terminen hablando con él sobre vestidos. «No tengo la opción de intentarlo», bromea. Incluso cuenta entre risas que dejó de ir a las milongas: «He ido muchas veces a la milonga y me sucede siempre lo mismo, por lo que ya no voy más y tampoco bailo».

Los reconocimientos tampoco modificaron su manera de entender el oficio. Delgado recibió, entre otros, Premios Estrella de Mar, Premios Carlos y un Premio Hugo, pero asegura que no trabaja pensando en las distinciones. «No trabajo por un premio, trabajo para que las cosas salgan bien en el show», afirma. Prefiere permanecer detrás de escena antes que asistir a las ceremonias y recuerda con humor que uno de sus premios lo vio por televisión, sentado en su casa con su familia y comiendo una pizza.

Incluso, a pesar de que los premios no son de mayor relevancia para Walter, hay uno que debió ganar pero que el mérito de su trabajo se lo llevó otra persona. Por un viaje a Inglaterra, Delgado no le pudo hacer un diseño a Flavio Mendoza y este decidió recurrir a otro diseñador. «Cuando yo vuelvo de la gira, me lo encuentro a Flavio y me comentó lo mal que estaba todo. Me pidió si como amigo le podía dar una mano sin decir nada», recuerda. Dicho y hecho, Walter le diseñó en tiempo récord y el diseñador, por un trabajo que no fue suyo, se llevó el premio: «Los créditos de ese premio los recibió este chico pero bueno, es lo que yo arreglé y así fue».

Pero la mayor satisfacción no está necesariamente en los premios. Está en ver a las bailarinas sobre el escenario utilizando aquello que diseñó. La emoción convive con una preocupación permanente: mientras observa el espectáculo también está pendiente de que nada se enganche y de detectar posibles errores para corregirlos en el próximo vestido. «Me hace feliz y a la vez la sufro, es contradictorio pero así soy», reconoce.

Esa sensación se potencia cuando sus vestidos aparecen en bailarinas que alcanzaron títulos mundiales. Delgado considera que ver sus creaciones en el Mundial de Tango es incluso más gratificante que recibir un premio. Aunque el vestuario no es un aspecto que se juzgue específicamente en la competencia, para él hay una recompensa especial en comprobar que el público reconoce su estilo. Y allí aparece una de las características que, según cuenta, definieron su trabajo durante décadas: nunca colocar una etiqueta en sus trajes. «Soy un fanático de no poner etiqueta en mis trajes, ninguno nunca desde el 1996 tuvo y aún así la gente de cualquier parte de mundo sabe cuál es mi vestido», sostiene.

Entre todos los diseños que realizó, hay uno que ocupa un lugar especial: el primero, confeccionado para Melody Celatti. Delgado lo considera el vestido que le abrió la puerta al mundo internacional del tango y lo vincula directamente con la posibilidad de diseñar el vestuario de la gira de Japón de los campeones de 2008. Más allá de su importancia profesional, conserva un vínculo afectivo con esta bailarina, con quien mantiene amistad y continúa trabajando.

Después de casi tres décadas de trayectoria, todavía existe un escenario que Delgado considera pendiente: Broadway. Ese sueño, que alguna vez pudo parecer lejano, hoy lo encuentra con proyectos y posibles propuestas que podrían acercarlo a ese objetivo. «Tengo la capacidad artística y sé que lo voy a lograr, estoy convencido», afirma.

Desde aquel niño que transformó a escondidas el pantalón de su padre para hacerle un regalo a su sobrino hasta el vestuarista cuyos diseños son reconocidos dentro y fuera de la Argentina, la historia de Walter Delgado está atravesada por una misma idea: entender la ropa desde el movimiento. Sus vestidos no fueron concebidos como simples prendas para acompañar una coreografía, sino como parte de aquello que ocurre sobre el escenario. Quizás por eso, para él, el verdadero reconocimiento no está en una etiqueta ni en una estatuilla, sino en que una bailarina salga a bailar y que, aun sin firma visible, alguien pueda mirar el vestido y saber quién lo hizo.

Rocío García Liendo: «Pasan las generaciones, los cambios aparecen y el tango siempre conserva la misma esencia; eso es lo más valioso»

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Bailarina, coreógrafa y una de las referentes de una nueva generación del tango escénico, Rocío García Liendo construyó junto a Juan Pablo Bulich una trayectoria que combina competencia, espectáculos, giras internacionales y una búsqueda permanente por ampliar las posibilidades del género. En diálogo con En Camarines, repasa sus comienzos, la evolución de la escena tanguera, el impacto de “Gricel”, los proyectos “Black Tango” y “Diamond Tango” y una carrera que, según reconoce, ni siquiera su versión de adolescente hubiera imaginado.

Rocío García Liendo junto a Juan Pablo Bulich

El tango llegó a la vida de Rocío García Liendo desde un lugar inesperado. No hubo una tradición familiar vinculada con la música ni con la danza y, según recuerda, tampoco era un género que se escuchara habitualmente en su casa. Su primer acercamiento estuvo relacionado con las salidas familiares a espectáculos y obras, donde comenzó a observar las parejas, el movimiento y el vestuario. Antes de comprender el tango desde la música, lo descubrió desde el cuerpo. «Mi primer acercamiento con el tango tiene más que ver con la danza que con la música», explica.

Aquellas primeras imágenes terminaron convirtiéndose en una vocación. Con el tiempo, sus referentes también fueron cambiando. Más que quedarse únicamente con nombres musicales, García Liendo destaca a bailarines con una identidad definida, capaces de transmitir sin necesitar demasiados recursos. Fueron precisamente esas parejas que observaba desde la danza las que terminaron acercándola cada vez más al universo tanguero.

Su mirada sobre el género también está atravesada por los cambios que experimentó la escena durante las últimas décadas. García Liendo considera que el tango se transformó en la manera de bailarse, consumirse, comunicarse y vivirse, pero también en relación con las modificaciones sociales y culturales. Entre esos cambios menciona una mayor diversidad en las formas de bailar: hoy es más habitual encontrar parejas integradas por dos mujeres o dos hombres. Para ella, esa transformación no implica perder la identidad del género, sino todo lo contrario. «El tango va cambiando con los cambios que hay en la sociedad», sostiene. Toda su concepción acerca del tema lo resume en una frase: «Pasan las generaciones, los cambios aparecen y el tango siempre conserva la misma esencia; eso es lo más valioso».

En ese recorrido ocupa un lugar central Juan Pablo Bulich, su compañero artístico desde hace aproximadamente dos décadas. Ambos se conocieron cuando estudiaban en la escuela Carlos Copello y formaban parte de su ballet. García Liendo tenía alrededor de 21 años y Bulich había llegado desde Junín para estudiar. La coincidencia de intereses y objetivos artísticos fue construyendo progresivamente una pareja que no se limitó al aspecto técnico. La amistad, el vínculo emocional y los proyectos compartidos terminaron consolidando una identidad propia. La Universidad Nacional de las Artes también registra la trayectoria conjunta de ambos y su condición de subcampeones mundiales de Tango Escenario en 2015.

Dentro de esa historia, «Gricel» representó un punto de inflexión. Para García Liendo, el espectáculo significó «un antes y un después» porque les permitió consolidar una identidad artística y encontrar una manera propia de narrar. La dupla entiende el tango no simplemente como una sucesión de pasos o una demostración técnica, sino como una herramienta para contar historias. El proyecto, además, les otorgó una importante visibilidad y funcionó como un espacio para profundizar esa búsqueda.

El Mundial de Tango también forma parte de ese camino, aunque García Liendo procura ubicar la competencia en su justa dimensión. El deseo de ganar, admite, siempre estuvo y continúa presente. Su carácter autoexigente la lleva a buscar constantemente una superación técnica y artística, y reconoce que le gustaría volver a participar para ponerse nuevamente a prueba. Sin embargo, considera que el Mundial no define su identidad como artista. «Es una pantalla y es un lugar que te da mucha visibilidad para que el mundo te conozca», explica. Su trayectoria competitiva incluye, entre otros resultados, el subcampeonato de Tango Escenario obtenido junto a Bulich en 2015.

La búsqueda de nuevos lenguajes llevó a la pareja hacia el teatro inmersivo. Antes de «Diamond Tango» estuvo «Black Tango», una experiencia que buscó colocar al espectador dentro de un universo narrativo en lugar de limitarlo al papel tradicional de observador. García Liendo recuerda que querían que el público sintiera que estaba «dentro de una película» y que pudiera convivir con el tango y otros lenguajes artísticos. La propuesta contó con García Liendo y Bulich como bailarines principales y directores generales y artísticos junto a Nicolás Chávez. El proyecto fue un desafío creativo y de producción que, una vez terminado, dejó un balance positivo para sus responsables: «Eso para nosotros es muy gratificante al ser un proyecto muy personal y creativo.»

Para Rocío, el recibimiento del público terminó confirmando el valor de una apuesta que también implicaba incertidumbre. «Nosotros vamos por lo que nos gusta y por lo que sentimos que queremos contar», explica. El proyecto, agrega, todavía tiene posibilidades de seguir creciendo, algo que refleja una constante en su carrera: la búsqueda de nuevas maneras de contar desde el tango sin abandonar aquello que considera esencial del género.

«Diamond Tango» continuó esa línea, pero desde otra concepción temporal. La idea surgió de las ganas de crear algo diferente y con identidad propia: imaginar un universo paralelo ambientado en el siglo XIX, una época anterior a la existencia del tango, y combinarla con músicas que históricamente no convivieron. La propuesta fue concebida y dirigida por García Liendo y Bulich y combina tango, jazz, pop, burlesque y poesía dentro de una ficción ambientada en una fiesta de la aristocracia europea: «El resultado nos gratifica muchísimo, sobre todo por habernos animado a producir y hacer algo diferente dentro del tango.»

Las giras internacionales aportaron otra dimensión a ese recorrido. Después de haber bailado en distintos países, García Liendo asegura que no puede elegir una sola experiencia como favorita. Algunas quedaron asociadas a los lugares, otras a los escenarios o a las personas encontradas en el camino. Lo que sí permanece como denominador común es la capacidad del arte para establecer vínculos incluso cuando no existe un idioma compartido. Recuerda especialmente el recibimiento que tuvo en China como ejemplo de esa posibilidad: viajar miles de kilómetros y encontrarse con un público capaz de conectar con aquello que se expresa a través del cuerpo.

Mirar hacia atrás también implica imaginar qué pensaría aquella Rocío de 15 años frente a todo lo que terminó sucediendo. La respuesta parece difícil de imaginar incluso para ella: probablemente no creería que iba a recorrer el mundo bailando, emocionar a otras personas y vivir de aquello que ama. Aunque no es difícil creérle cuando uno descubre que Rocío empezó a bailar de más grande, en sus 20′ y 30′. García Liendo cuenta que siempre fue muy tímida y que ni siquiera se animaba a participar de los actos escolares. Sin embargo, también reconoce una característica que sí acompañó a aquella adolescente hasta el presente: la perseverancia.

«Le diría que no todo va a salir como ella espera, pero que siga siendo igual de perseverante que fue toda su vida», afirma. En esa frase aparece quizás la síntesis más clara de su recorrido: una bailarina que comenzó a acercarse al tango observando desde afuera, que terminó construyendo junto a su compañero una identidad artística inconfundibe y que encontró en el movimiento una forma de atravesar incluso aquello que alguna vez pareció una limitación. El tango, para Rocío García Liendo, puede cambiar, incorporar nuevas miradas y dialogar con otros lenguajes, pero conserva algo que permanece: la posibilidad de contar una historia y llegar, sin necesidad de palabras, hasta quien está del otro lado.

Tango BA Festival y Mundial 2026: Buenos Aires vuelve a convertirse en la gran pista del tango

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Desde este miércoles 19 de agosto y hasta el 2 de septiembre, la Ciudad de Buenos Aires será escenario de una nueva edición de Tango BA Festival y Mundial, con más de 2.000 artistas, casi 800 parejas provenientes de 47 países y una programación que reunirá conciertos, espectáculos de danza, clases, milongas, muestras, proyecciones y actividades especiales en más de 50 sedes de 34 barrios porteños.

Tango BA Festival

Buenos Aires vuelve a ponerse en modo tango. Este miércoles 19 de agosto comenzará oficialmente una nueva edición de Tango BA Festival y Mundial, uno de los grandes acontecimientos internacionales dedicados al género y una de las citas centrales del calendario cultural porteño. Organizado por el Ministerio de Cultura de la Ciudad de Buenos Aires, el encuentro se extenderá hasta el 2 de septiembre y tendrá como director artístico a Gustavo Mozzi. La propuesta combinará durante dos semanas distintas expresiones del tango, desde la tradición de las orquestas típicas y el baile de salón hasta nuevas búsquedas musicales y lenguajes de la danza escénica.

El comienzo será este miércoles a las 20 en la Usina del Arte, con una producción especial que reunirá a la Orquesta del Tango de la Ciudad de Buenos Aires, dirigida por Néstor Marconi y Juan Carlos Cuacci, con Milagros Amud como cantante invitada. La velada también contará con Abel Pintos y Vicentico junto a la Camerata Argentina de Cuerdas, dirigida por Pablo Agri. De esta manera, el comienzo del festival pondrá en diálogo a una formación fundamental de la música ciudadana con dos reconocidas voces de la escena musical argentina.

La apertura será apenas el punto de partida de una programación que se desplegará por distintos espacios de la Ciudad. La Usina del Arte funcionará como una de las principales sedes, pero también habrá actividades en el Teatro Colón, el Teatro San Martín, el Centro Cultural Recoleta, la Casa de la Cultura, el Centro Cultural 25 de Mayo, la Academia Nacional del Tango, el Museo Casa Carlos Gardel, el Centro Educativo del Tango de Buenos Aires (CETBA), bares notables y otros espacios culturales. El circuito, según la información oficial, alcanza más de 50 sedes distribuidas en 34 barrios porteños.

La programación propone diferentes maneras de acercarse al tango. Habrá conciertos de orquestas y grupos de distintas generaciones, espectáculos de danza, clases y seminarios, milongas, presentaciones de libros, cine, muestras, encuentros de divulgación y actividades especiales. Entre las propuestas aparecen figuras y agrupaciones como Sexteto Mayor, Sandra Mihanovich, Adriana Varela, Víctor Lavallén, Néstor Marconi, Guillermo Fernández, Hugo Rivas, Orquesta Típica Fernández Fierro, Quinteto Revolucionario, José Colángelo, Milena Plebs, Johana Copes y Marcos Ayala, entre muchos otros nombres de la escena tanguera.

El componente competitivo tendrá, además, un lugar central. El Mundial de Tango BA reunirá a casi 800 parejas representantes de 47 países y se desarrollará en las categorías Tango de Pista y Tango Escenario. La competencia comenzará el 20 de agosto y tendrá sus instancias decisivas el 1 y el 2 de septiembre en el Teatro Gran Rex, donde se definirán los campeones de cada categoría y tendrán la conducción de Fernando Bravo. La competencia internacional constituye el tramo específicamente deportivo del encuentro y es la instancia que cada año concentra a bailarines llegados desde distintos puntos de la Argentina y del exterior.

El festival, en cambio, excede ampliamente al campeonato. Su programación artística busca mostrar el tango como una expresión en permanente transformación y reunir en un mismo circuito a músicos, cantantes, bailarines, docentes, investigadores y público. En ese recorrido conviven propuestas vinculadas con la historia del género y proyectos contemporáneos, además de espacios destinados específicamente a quienes bailan y a quienes desean acercarse por primera vez a la disciplina. La agenda oficial, por ejemplo, incluye desde clases de tango pista y estilo canyengue hasta laboratorios coreográficos, exhibiciones y milongas con DJs.

Entre los momentos destacados también aparece el cierre oficial del festival, previsto para el domingo 30 de agosto en el Teatro Colón. Allí se presentará el Sexteto Mayor, que realizará un recorrido por algunos de los arreglos emblemáticos de su trayectoria, con la participación especial del bandoneonista japonés Ryota Komatsu y su quinteto. La elección vuelve a poner en evidencia una de las características centrales de Tango BA: la convivencia entre la tradición porteña y la dimensión internacional que el tango adquirió con el paso de las décadas.

Todas las actividades del festival son gratuitas, aunque el mecanismo de acceso varía según la propuesta: algunas requieren reserva previa y otras funcionan por orden de llegada. En las actividades con reserva, el sitio oficial establece que las entradas se habilitan a las 12 del mediodía, 72 horas antes de cada función, y deben retirarse en la sede correspondiente dentro del período indicado por la organización. Las clases y seminarios también cuentan con inscripción previa.

Con una agenda que atraviesa escenarios históricos, centros culturales, museos, milongas y espacios de distintos barrios, Tango BA Festival y Mundial 2026 volverá a convertir a Buenos Aires en un punto de encuentro para quienes viven el tango desde la música, la danza y la cultura. Durante dos semanas, la ciudad no tendrá una única pista: tendrá decenas, con artistas locales e invitados internacionales y una competencia que llevará nuevamente a bailarines de todo el mundo hasta el escenario donde se consagrarán los nuevos campeones mundiales.

Tango gratis para jubilados este viernes: dos grandes espectáculos con Pase Cultural

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Este viernes 14 de agosto, la Ciudad de Buenos Aires ofrecerá dos propuestas dedicadas al tango que se realizarán en simultáneo y en distintos espacios culturales. El espectáculo «Tangos del alma», en la Casa de la Cultura, y el concierto de la Orquesta del Tango de Buenos Aires, en el Centro Cultural 25 de Mayo, forman parte de la programación especial del Mes del Tango y cuentan con acceso gratuito para las personas jubiladas beneficiarias del Pase Cultural, con reserva previa.

La Orquesta del Tango de Buenos Aires

La agenda cultural porteña reunirá este viernes dos espectáculos que, aunque comparten el mismo género y horario, proponen recorridos artísticos diferentes. A las 20, la Casa de la Cultura, ubicada en Avenida de Mayo 575, será escenario de «Tangos del alma», la segunda presentación del ciclo «Historias de Tango», mientras que, a la misma hora, el Centro Cultural 25 de Mayo, en Avenida Triunvirato 4444, recibirá a la Orquesta del Tango de Buenos Aires junto a la cantante María José Mentana.

«Tangos del alma» integra un ciclo organizado en el marco del Mes del Tango que busca acercar al público distintos aspectos de la historia y el imaginario porteño a través de la música y la danza. Cada función aborda una temática particular vinculada con el género, y en esta oportunidad el eje estará puesto en las historias de amores, ausencias y encuentros que atraviesan buena parte del repertorio ciudadano.

La propuesta contará con la participación de la cantante Noelia Moncada, acompañada por un ensamble integrado por Miguel Pereiro en piano, Federico Pereiro en bandoneón, Ulises Di Salvo en violoncello, Martín Wainer en contrabajo y Erica Di Salvo en violín. Además, la función incluirá intervenciones de danza a cargo de Natalia Turelli y Juan Horvath, sumando el lenguaje escénico del baile a un espectáculo concebido como un recorrido por clásicos del tango. La dirección y producción artística del ciclo está a cargo de Erica Di Salvo.

La actividad se desarrollará en el subsuelo de la Casa de la Cultura y tendrá entrada gratuita, aunque para los beneficiarios del Pase Cultural destinados a jubilados es necesario realizar una inscripción previa y aguardar la confirmación correspondiente para asistir.

En paralelo, el Centro Cultural 25 de Mayo presentará una función especial de la Orquesta del Tango de Buenos Aires, uno de los organismos musicales estables dedicados al género en la Ciudad. La agrupación estará dirigida por el maestro Juan Carlos Cuacci y tendrá como artista invitada a María José Mentana, reconocida intérprete del repertorio tanguero. La presencia de Mentana aportará la voz solista a una formación orquestal que mantiene viva la tradición de las grandes orquestas típicas y, al mismo tiempo, acerca ese repertorio a nuevos públicos.

Al igual que «Tangos del alma», esta función será gratuita para las personas jubiladas que cuenten con el Pase Cultural, siempre con reserva anticipada del lugar. La inscripción se realiza a través de los canales oficiales del programa, que luego confirman la disponibilidad de las localidades.

Aunque ambas actividades se celebran el mismo viernes, a la misma hora y dentro de la programación especial del Mes del Tango, se trata de propuestas diferentes. «Tangos del alma» combina canto, música de cámara y danza dentro de un ciclo temático que recorre relatos y emociones presentes en el cancionero porteño. En cambio, la presentación de la Orquesta del Tango de Buenos Aires está centrada en el formato de concierto orquestal, con una cantante invitada y un repertorio representativo de la tradición musical del género.

La programación continuará el viernes 21 de agosto a las 20 con «Piazzolla, la ciudad infinita», un espectáculo dedicado a la obra de Astor Piazzolla y a su particular vínculo con Buenos Aires.

La coincidencia de ambas funciones refleja la amplitud de la agenda tanguera que la Ciudad de Buenos Aires desarrolla durante agosto, un mes en el que se suceden conciertos, milongas, exhibiciones, charlas y actividades vinculadas con una de las expresiones culturales más representativas de la identidad porteña. Para los jubilados que forman parte del Pase Cultural, estas dos propuestas constituyen además una oportunidad de acceder sin costo a espectáculos de primer nivel, en dos espacios emblemáticos de la ciudad y con miradas complementarias sobre la música y la danza del tango.

Roberto Fugazot: 55 años sin el actor que llevó el tango más allá de sus fronteras

Este 8 de agosto se cumplen 55 años del fallecimiento de Roberto Fugazot, cantor, actor y compositor nacido en Montevideo que construyó una trayectoria fundamental para el tango rioplatense. Su sociedad artística con Agustín Irusta y Lucio Demare, sus giras internacionales, su paso por el cine y obras como “Barrio reo” y “Dandy” forman parte de un legado que trascendió generaciones.

Roberto Fugazot

Hay nombres que aparecen inevitablemente cuando se repasa la expansión del tango durante las primeras décadas del siglo XX. Roberto Fugazot es uno de ellos. Nacido como Santiago Roberto Fugazot en Montevideo el 20 de junio de 1902, comenzó desde la adolescencia a combinar el canto con la actuación y la guitarra. Sus primeros pasos estuvieron vinculados al ambiente artístico uruguayo y a figuras como el payador Juan Pedro López, de quien recibió consejos sobre canto y con quien realizó presentaciones por distintos puntos del país.

En 1924 llegó a Buenos Aires y se radicó en la ciudad después de debutar en el Teatro Nacional junto a Ítalo Goyeche. Su dominio de la guitarra, su oído y su afinación hicieron que fuera requerido para formar dúos vocales. Poco después conoció a Agustín Irusta y, en 1926, ambos consolidaron una sociedad artística que se convertiría en uno de los capítulos más recordados de sus respectivas carreras. Junto con Alfredo Gobbi llegaron incluso a presentarse como “Los tres gauchos” en el Teatro Hipodrome, donde compartieron cartel con Ada Falcón.

El salto internacional llegó poco después. Francisco Canaro llevó a Irusta y Fugazot a Europa, donde en París conocieron al pianista y compositor Lucio Demare. De ese encuentro nació el célebre trío Irusta-Fugazot-Demare, una formación que combinó voces y piano y que alcanzó una notable repercusión. Tras sus actuaciones iniciales en París, el conjunto llegó a Madrid y extendió una presentación prevista para apenas quince días hasta tres meses debido a la respuesta del público. Desde España emprendieron posteriormente distintas giras por países de América, consolidando la presencia del tango argentino y rioplatense fuera de la región.

La etapa europea también quedó registrada en el cine. Irusta, Fugazot y Demare participaron en las películas españolas Boliche, estrenada en 1933, y Aves sin rumbo, de 1934. Fugazot no se limitó al canto: su faceta actoral terminaría ocupando un lugar cada vez más importante en su carrera.

Como compositor y letrista, su nombre quedó asociado a varias obras del repertorio tanguero. «Barrio reo», con letra de Alfredo Navarrine, figura entre sus creaciones más reconocidas y fue registrada por grandes intérpretes. También participó en la creación de «Dandy», «Mañanitas de Montmartre», «Reproche», «Pa’ mí es igual», «Sorbos amargos», «Milonga en rojo» y otras piezas en colaboración con músicos y poetas como Irusta y Demare. El Centro de Fotografía de Montevideo destaca particularmente su papel como creador de la música de «Barrio reo» y de las letras de «Mañanitas de Montmartre» y «Dandy».

Su vínculo con el cine argentino se profundizó a partir de la década de 1930. Después de la experiencia europea, Fugazot desarrolló una extensa carrera como actor característico y participó en películas como Nace un amor, Prisioneros de la tierra, El hijo del barrio, La carga de los valientes, Pampa bárbara, Los isleros y Caballito criollo, entre otras. También tuvo una presencia sostenida en la radio, donde uno de sus trabajos recordados fue Gran pensión El Campeonato, emitido por Radio Belgrano.

Pero el tango volvió a reunirlo con sus antiguos compañeros. A fines de 1948, Irusta, Fugazot y Demare viajaron a La Habana para realizar presentaciones radiales y grabaciones. Años después, en 1959, Fugazot volvió a encontrarse artísticamente con Irusta en España y Venezuela. Sus últimas actuaciones como cantor se produjeron en ese período, antes de regresar a Buenos Aires.

Fugazot murió en Buenos Aires el 8 de agosto de 1971, a los 69 años. Su recorrido había atravesado escenarios, discos, giras internacionales, radio, cine y composición, pero su huella más perdurable quedó ligada a aquella sociedad artística que ayudó a llevar el tango hacia nuevos públicos. A 55 años de su muerte, recordar a Roberto Fugazot es volver sobre una época en la que el tango comenzaba a transformarse en un lenguaje capaz de viajar por el mundo sin perder su identidad rioplatense.

Pablo Valle: “El joven Pablo se habría sentido plenamente satisfecho con solo el 10% de lo que finalmente logré”

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Con más de dos décadas dedicadas al tango, el pianista, arreglador y director de Pablo Valle Sexteto y Siempre Tango repasa los momentos que marcaron su carrera. Desde un descubrimiento casi casual del género hasta las giras internacionales, la formación de sus agrupaciones y el reconocimiento de nuevas generaciones de músicos, el artista reflexiona sobre el camino recorrido y el presente de una música que sigue encontrando nuevos públicos.

Pablo Valle

Hay trayectorias que parecen cuidadosamente planificadas, pero la de Pablo Valle demuestra que muchas veces los grandes proyectos nacen de la casualidad. El pianista recuerda que el tango no formó parte de su infancia ni de una tradición familiar. De hecho, su primer acercamiento llegó casi por accidente, cuando apenas tenía 12 años y comenzaron a aparecer en su casa unas partituras que despertaron su curiosidad. «Fue entonces cuando toqué ‘Adiós Nonino’ y ‘La Cumparsita’ por primera vez», recuerda. Sin embargo, aquel interés inicial quedó en pausa durante varios años hasta que, ya cerca de los 25, decidió formar un dúo junto a un guitarrista para comenzar a transitar profesionalmente el camino del tango.

Desde entonces pasaron más de veinte años y Valle fue testigo de una transformación importante dentro del ambiente tanguero. A su entender, hoy existe una escena mucho más amplia que la que encontró al comenzar. «Se ven muchos más músicos y cantantes en escena que antes», afirma, y atribuye ese crecimiento al auge de las milongas con orquestas en vivo, al incremento de milongueros en distintas partes del mundo y a la progresiva retracción del público de concierto tradicional

Al hablar de sus referentes, no duda un instante. Horacio Salgán ocupa un lugar privilegiado en su formación musical. Lo define como «un pianista exquisito» que consiguió modernizar el tango sin perder su esencia, evitando el virtuosismo como un fin en sí mismo. A ese nombre suma otros pilares fundamentales como Carlos Di Sarli, Osvaldo Pugliese y Rodolfo Biagi, músicos que continúan marcando el camino para las nuevas generaciones de intérpretes.

Paradójicamente, tampoco la creación de Pablo Valle Sexteto respondió a un plan previamente diseñado. El conjunto nació en 2013 como consecuencia de una propuesta inesperada. Mientras trabajaban habitualmente como cuarteto, recibieron la posibilidad de presentarse ante organizadores chinos interesados específicamente en una formación de sexteto. «Nunca busqué formar un sexteto; fue un accidente hermoso», resume. Aquella presentación finalmente no derivó en el viaje previsto, pero sí dejó algo mucho más importante: el nacimiento de una agrupación que con el tiempo se convertiría en una referencia dentro del tango actual. «Hoy nos conmueve que jóvenes de 20 años se acerquen para decirnos que somos sus referentes y que comenzaron a tocar escuchando nuestros discos», dice emocionado.

Con el paso de los años, el proyecto fue creciendo hasta ocupar un espacio propio dentro del circuito. Valle reconoce que nunca imaginaron semejante recorrido y que hoy una de las mayores satisfacciones consiste en escuchar a jóvenes músicos decirles que comenzaron a tocar después de descubrir sus discos. «Nos conmueve que chicos de 20 años nos digan que somos sus referentes», señala, una afirmación que refleja el lugar que el sexteto logró construir respetando las sonoridades tradicionales sin renunciar a una identidad propia.

Las giras internacionales constituyen otro de los capítulos más importantes de su carrera. Entre todas las experiencias vividas, guarda un cariño especial por Corea del Sur, donde realizó en 2009 su primera gira fuera del país. Aquella experiencia significó no solo el descubrimiento de otra manera de trabajar, sino también la confirmación de que el tango podía emocionar a públicos muy lejanos. Más recientemente, la gira realizada este año por Japón junto a Pablo Valle Sexteto terminó de cumplir uno de sus grandes anhelos personales.

A esa intensa actividad se suma la dirección de Siempre Tango, una formación que, según explica, también surgió de manera inesperada. El proyecto le permitió explorar otra faceta artística, conservando la esencia de las grandes orquestas de las décadas del cuarenta y del cincuenta, pero incorporando una mirada contemporánea y abriendo la puerta a colaboraciones con artistas de otros géneros, una libertad creativa diferente a la que desarrolla junto al sexteto.

La pandemia también marcó un punto de inflexión. Con los escenarios cerrados y las actividades suspendidas, Valle buscó nuevas formas de mantener vivo el contacto con la música. Así nació el ciclo Tangos a la distancia, publicado en su canal de YouTube. El mecanismo era sencillo, aunque novedoso para aquel momento: grababa las bases de piano, las enviaba a Guillermo Fernández para que registrara la voz y luego editaba ambos materiales hasta lograr una interpretación conjunta. No es casuliadad que el proyecto haya sido con Guillermo: Justo antes de la pandemia, Pablo trabajaba junto a Andrea Ghidone y Guillermo Fernández en el Teatro Tabarís. «Era nuestra forma de mantener la cordura en medio de la incertidumbre», recuerda. El resultado sorprendió incluso al público, que muchas veces creía que las interpretaciones se realizaban en vivo y de manera simultánea.

Otro momento especialmente significativo llegó en 2021, cuando alguien del ambiente le envió una imagen de un cuadro que relacionaba los distintos estilos orquestales del tango. Allí, junto a nombres históricos del género, aparecía el suyo. Aunque todavía desconoce quién elaboró ese esquema, confiesa que la emoción fue inmediata. «Existe mucho sacrificio para ganar un lugar en este ambiente», explica, y considera que esa inclusión representó una señal de que el trabajo realizado durante tantos años había comenzado a dejar una huella. Esta imagen se encuentra en el perfil de la cuenta de Instagram de Pablo.

Al final de la conversación, la mirada se dirige inevitablemente hacia atrás. ¿Qué pensaría aquel joven que recién empezaba si pudiera conocer todo lo que viviría décadas después? Valle sonríe antes de responder que probablemente no le creería. «¡Usted está loco, señor!», imagina que le diría ese «Pablito» que solo aspiraba a convertirse en profesor de piano para vivir de la docencia. Nunca imaginó recorrer el mundo gracias al tango, presentarse en algunos de los teatros más importantes de Buenos Aires, editar discos en el exterior, escuchar sus arreglos sonar en radios, programas de televisión y milongas de distintos países, ni compartir escenario con artistas que entonces parecían inalcanzables; en resumen, vivir plenamente de su pasión .

La frase con la que concluye resume no solo una carrera, sino también una vida dedicada a la música. «Ese joven Pablo se habría sentido plenamente satisfecho con solo el diez por ciento de lo que finalmente logré». Una reflexión que sintetiza el recorrido de un músico que encontró en el tango una vocación permanente y que, sin proponérselo, terminó convirtiéndose también en una inspiración para quienes hoy comienzan a escribir sus propias historias dentro del género.

Ranko Fujisawa: la voz japonesa que hizo del tango una pasión

Este 21 de julio se cumple un nuevo aniversario del nacimiento de Ranko Fujisawa (1925-2013), la cantante japonesa que logró convertirse en una de las mayores embajadoras del tango argentino en Oriente. Con una carrera que tendió puentes entre dos culturas separadas por miles de kilómetros, su nombre quedó asociado para siempre a la difusión internacional de nuestra música ciudadana.

Ranko Fujisawa

Hay historias que demuestran que el tango no conoce fronteras. La de Ranko Fujisawa es una de ellas. Nacida en Tokio el 21 de julio de 1925, su recorrido artístico terminó convirtiéndola en un símbolo del profundo vínculo entre Argentina y Japón, al punto de ser reconocida como una de las figuras más importantes en la difusión del género en Asia. A más de un siglo de su nacimiento, su legado continúa siendo una referencia ineludible para comprender la expansión mundial del tango.

Desde pequeña recibió una sólida formación musical. Estudió piano y canto hasta los 18 años con la intención de convertirse en cantante lírica, pero el estallido de la Segunda Guerra Mundial alteró por completo el rumbo de su vida. Su familia debió trasladarse a Manchuria y, tras la derrota de Japón, regresó a un país devastado. En ese contexto comenzó a trabajar cantando en clubes frecuentados por tropas estadounidenses, donde interpretaba música clásica, canciones populares japonesas, jazz y repertorio hawaiano para ganarse la vida.

El giro definitivo llegó cuando tenía 24 años. Tras escuchar por primera vez «La cumparsita» interpretada por la Orquesta Típica Tokio, descubrió una música que la conmovió profundamente. A partir de entonces decidió dedicarse al tango argentino. Para comprender su esencia estudió el género con el especialista Masahiko Takayama, escuchó cuidadosamente las grabaciones de Carlos Gardel, Azucena Maizani, Mercedes Simone, Ada Falcón, Libertad Lamarque y Hugo del Carril, y aprendió a interpretar las letras en español con una pronunciación que sorprendió tanto al público japonés como al argentino.

Poco después se incorporó a la Orquesta Típica Tokio, dirigida por Shimpei Hayakawa, con quien además contrajo matrimonio. Su debut como cantante de tangos llegó a fines de la década de 1940 con «Caminito» en Yokohama. En esa presentación estaba la presencia de los marinos de las tripulaciones de dos buques argentinos que acudieron a Japón para atender la petición de ayuda alimentaria de un país hambriento y amenazado de graves desórdenes públicos. Aquellos marinos quedaron maravillados y ese primer contacto dio lugar a que Ranko y su marido fueran invitados a visitar y actuar, años después, en Argentina. En 1950 inició formalmente su carrera profesional como intérprete del género. Sus primeras grabaciones consolidaron una trayectoria que pronto trascendería las fronteras japonesas.

En 1953 viajó por primera vez a Buenos Aires con la intención de permanecer apenas unos días. Sin embargo, su visita cambió de rumbo cuando fue convocada para presentarse ante el público argentino. Con la presencia del presidente de la república, el general Juan Domingo Perón, Fujisawa actuó en el Teatro Enrique Santos Discépolo acompañada por figuras de la talla de Aníbal Troilo y Roberto Grela, recibió una cálida acogida y prolongó su estadía durante varios meses. Aquella experiencia marcó el comienzo de una relación permanente con la Argentina, país al que regresó en distintas oportunidades para realizar presentaciones, grabaciones y programas radiales.

Entre sus registros más recordados figuran versiones de «Yira yira», «Adiós pampa mía», «Caminito», «Qué falta que me hacés», «Mamá, yo quiero un novio» y «Noche de plataforma», varias de ellas registradas en Buenos Aires en 1964 junto a la orquesta de Miguel Caló. Su interpretación, respetuosa del estilo tradicional y cargada de sensibilidad, la convirtió en una artista admirada tanto por el ambiente tanguero argentino como por el japonés. Se retiró definitivamente de la vida artística en 1970, dando un último recital en septiembre de 1991.

La figura de Ranko Fujisawa también representa uno de los capítulos más singulares de la internacionalización del tango durante el siglo XX. En una época en la que el género alcanzaba gran popularidad en Japón, ella fue una de sus principales exponentes y contribuyó decisivamente a acercar la música rioplatense a nuevas generaciones de oyentes. Su carrera demostró que el tango podía emocionar con la misma intensidad más allá de su lugar de origen y que su lenguaje artístico era capaz de unir culturas muy diferentes.

Ranko Fujisawa falleció el 22 de agosto de 2013, a los 88 años. Sin embargo, su historia continúa siendo una de las más extraordinarias del universo tanguero: la de una cantante nacida en Tokio que encontró en la música de Buenos Aires la vocación de toda una vida y que terminó convirtiéndose en una de las embajadoras más queridas e importantes que el tango argentino tuvo en Japón.

Roberto Zuccarino: “Soy alguien que vino de muy abajo, de Mataderos, y nunca imaginé recorrer el mundo o conocer gente tan importante”

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Criado entre milongas familiares en Mataderos, Roberto Zuccarino convirtió una pasión heredada en una forma de vida. Bailarín, productor, pianista y actual responsable de Cátulo Tango, repasa el camino que lo llevó a recorrer el mundo gracias al 2×4, reflexiona sobre el presente del género y recuerda el legado de su madre, Mónica Carranza, una figura clave en su historia personal.

Roberto Zuccarino

Hay artistas cuya relación con el tango parece escrita desde el nacimiento. En el caso de Roberto Zuccarino, esa historia comenzó mucho antes de que imaginara recorrer escenarios internacionales. El barrio de Mataderos, las reuniones familiares y las milongas fueron el escenario donde dio sus primeros pasos dentro de un universo que, con los años, terminaría definiendo su vida. «Toda mi familia era muy tanguera. Mi abuelo tocaba el bandoneón, mi vieja milongueaba y bailaba un montón; así que desde los 4 o 5 años ya iba a bailar con ellos», recuerda. Ese contacto temprano no solo despertó una vocación artística, sino también un profundo sentido de pertenencia hacia una cultura que hoy continúa defendiendo desde distintos lugares.

Con varias décadas de trayectoria sobre la pista, Zuccarino observa con optimismo la transformación que atravesó el ambiente tanguero. A diferencia de los años en que comenzó a bailar, cuando predominaban las milongas barriales y familiares, hoy encuentra una escena mucho más diversa. «Hay una moda nueva donde tenemos muchos más jóvenes que se metieron en el tango y está buenísimo. Para mí ellos son los que nos dejan tranquilos de que el género va a seguir. Son el futuro», afirma. Si bien reconoce que algunas milongas adquirieron una dinámica más cercana a un boliche, con música más intensa y otro clima, destaca que los códigos tradicionales siguen vigentes, un aspecto que considera fundamental para preservar la esencia del baile.

Su vida personal también quedó atravesada por el tango. Su compañera, Aldana, además de bailarina, es la creadora de Mucho Tango Boutique, una marca especializada en indumentaria para bailarinas que hoy viste a reconocidas figuras del circuito internacional. La historia de ambos comenzó de una manera tan casual como representativa del ambiente tanguero: mientras Roberto dictaba clases particulares a un alumno francés, necesitaba una bailarina que, además, pudiera traducir el idioma. Aldana hablaba francés y aceptó colaborar. «De ahí empezamos a hablar y conocernos», resume.

Aunque el público lo identifica principalmente como bailarín, su recorrido profesional siempre fue mucho más amplio. Antes incluso de consolidarse en el tango trabajó en producción musical y fue productor artístico de Leader Music. Esa experiencia se trasladó naturalmente al universo del 2×4. Formó compañías, produjo espectáculos y organizó festivales hasta que llegó la oportunidad de asumir la conducción de Cátulo Tango, una de las tradicionales casas dedicadas al género en Buenos Aires. «Cuando me llegó la posibilidad de manejar Cátulo, considero que me encontró con mucha experiencia. Había organizado milongas durante diez años, el Argentina Tango Salón hace trece y muchos festivales en Argentina y Brasil. Llegó en el momento justo», explica.

Su carrera también estuvo marcada por los viajes. Gracias al tango conoció prácticamente toda la Argentina y países como Uruguay, Chile, Corea, Rusia y Brasil. Sin embargo, es este último destino el que ocupa un lugar especial en su memoria. «Cuando llegué por primera vez sentí que era uno de mis lugares en el mundo. Mis bisabuelos eran brasileños y, por una cuestión de raíces y cultura, siempre disfruto muchísimo volver», señala. Esa relación con Brasil también explica la consolidación del Argentina Tango Salón Festival Brasil, una extensión internacional del tradicional encuentro que organiza en el país desde hace trece años. Según cuenta, la iniciativa surgió cuando grupos de bailarines brasileños comenzaron a participar de las ediciones argentinas hasta que el crecimiento hizo natural trasladar el proyecto al país vecino. «En Brasil es una fiesta, con muchísima gente. Este año incluso sumamos una cena show. Es algo muy grande», destaca.

Entre los nombres que marcaron su vida hay uno que aparece una y otra vez: el de su madre, Mónica Carranza. Reconocida por su trabajo solidario y fundadora del Comedor «Los Carasucias», fue también quien le transmitió gran parte de los valores que hoy intenta sostener. «Mi vieja fue mi ejemplo a seguir. Mi pilar número uno. Ella me inculcó que lo que eligiera lo hiciera de la mejor manera y fue quien me acercó al tango. Cuando empecé a bailar me apoyó al ciento por ciento. Uno de sus valores era que lo que uno da, vuelve», recuerda con mucho cariño.

En paralelo al baile, Zuccarino nunca abandonó la música. Pianista y compositor, después de la pandemia volvió a fortalecer esa faceta artística componiendo para distintos intérpretes y participando en nuevos proyectos. Actualmente integra la producción de La Auténtica Milonguera, dirigida por Pablo Valle, y forma parte de «La Mucho Tango» como pianista junto a Pedro Farías y Ramiro Pérez Caricchio. «Todo eso me llena la parte artística y me encanta», resume.

A la hora de mirar hacia atrás, el balance parece atravesado por la gratitud. Si pudiera conversar con aquel adolescente de Mataderos que soñaba con abrirse camino en el tango, sabe exactamente qué le diría. «Soy alguien que vino de muy abajo, de Mataderos, y nunca me imaginé que iba a recorrer el mundo o tener la posibilidad de conocer gente tan importante y nunca perder la esencia. Creo que le diría que disfrute cada momento, que la vida son momentos y que todo lo que soñé se me dio. Así que le diría que siga siempre detrás de sus sueños que se le va a dar.»

Esa frase resume buena parte de una trayectoria construida con trabajo, constancia y una profunda identidad tanguera. Desde las primeras milongas familiares hasta la dirección artística de una casa de tango, pasando por escenarios de distintos continentes, Roberto Zuccarino sigue demostrando que el tango puede ser tradición y futuro al mismo tiempo. Y mientras nuevas generaciones se suman a las pistas de baile, él continúa convencido de que el género mantiene intacta su capacidad para emocionar, reunir personas y seguir escribiendo nuevas historias.

9 de Julio: cuando la danza también cuenta la historia de la Independencia argentina

Cada Día de la Independencia, la música y las danzas tradicionales vuelven a ocupar un lugar central en escuelas, peñas y festivales de todo el país. Aunque muchas de ellas se consolidaron décadas después de 1816, todas forman parte del patrimonio cultural que mantiene vivo el espíritu de una fecha fundacional para la Argentina.

Danzas en el Día de la Independencia

Cada 9 de julio, la Argentina recuerda uno de los momentos más trascendentes de su historia: la declaración de la Independencia, proclamada en 1816 por el Congreso reunido en San Miguel de Tucumán. Aquel día, las Provincias Unidas del Río de la Plata decidieron romper definitivamente los vínculos políticos con la monarquía española y dar un paso decisivo hacia la construcción de un país soberano. Sin embargo, además de los actos oficiales y los relatos históricos, existe otra manera de mantener viva esa memoria: la danza.

Hoy resulta casi imposible imaginar una celebración del Día de la Independencia sin un escenario donde suenen chacareras, zambas, gatos o escondidos. Esas postales forman parte del paisaje habitual de escuelas, centros culturales, peñas y festivales populares. No obstante, los especialistas coinciden en señalar que muchas de esas danzas folklóricas adquirieron su forma definitiva varias décadas después de 1816. De hecho, el gran baile oficial que celebró la Declaración de la Independencia no tuvo lugar el mismo 9 de julio, sino en la noche del 10 de julio de 1816, cuando autoridades, congresales y militares participaron de una fiesta organizada en Tucumán. Los festejos populares continuaron durante los días posteriores con reuniones, bailes y juegos que acompañaron el nacimiento del nuevo Estado.

Entre las danzas más difundidas durante los primeros años del siglo XIX se encontraban el cielito, el pericón —en sus primeras versiones—, el cuándo, la media caña y el minué, este último heredado de los salones europeos. También circulaban la contradanza y otras expresiones llegadas desde España y Francia, que fueron adaptándose a las costumbres locales. A ellas se sumaban el malambo, característico por su virtuosismo y zapateo individual masculino, y el candombe, profundamente ligado a las celebraciones de la comunidad afrodescendiente del Río de la Plata. En las reuniones sociales de la época convivían los bailes de salón con las manifestaciones populares, en un proceso que más tarde daría origen a buena parte del folklore argentino.

El cielito ocupa un lugar especial dentro de esa historia. Más que un simple baile, fue también una forma musical utilizada para expresar ideas patrióticas durante las guerras por la Independencia. El poeta Bartolomé Hidalgo escribió numerosos «cielitos patrióticos», que circulaban entre soldados y pobladores exaltando la causa independentista. La danza, ejecutada por parejas sueltas y con figuras coreográficas sencillas, terminó convirtiéndose en una de las expresiones artísticas más representativas de aquellos años.

El pericón, por su parte, evolucionó con el paso del tiempo hasta transformarse en una de las danzas nacionales más emblemáticas. Su versión actual, conocida como pericón nacional, fue documentada hacia fines del siglo XIX por el cronista Ventura Lynch, popularizada en los escenarios por José Podestá y posteriormente sistematizada por investigadores del folklore. Sus primeras variantes, presentes durante las primeras décadas del país independiente, diferían de la coreografía que hoy se interpreta en los actos patrios, cuyos elementos simbólicos y coreográficos se consolidaron con el paso del tiempo.

Con el correr del siglo XIX, el repertorio folklórico argentino siguió enriqueciéndose con danzas como la zamba, la chacarera, el gato, el escondido, la huella y el chamamé; expresiones que hoy suelen identificarse inmediatamente con las fiestas patrias. Cada una posee características propias: la zamba se distingue por el diálogo amoroso que representan los pañuelos; la chacarera, por su energía y el zapateo; el gato, por su ritmo vivaz y sus figuras de galanteo. Aunque no formaron parte del Congreso de Tucumán, estas expresiones terminaron simbolizando la identidad cultural del país y se incorporaron naturalmente a las celebraciones del 9 de Julio.

El vestuario tradicional también contribuye a reconstruir ese imaginario nacional. Las amplias polleras, los pañuelos, los chiripás, los calzoncillos cribados, las botas de potro, los sombreros y los ponchos evocan el universo criollo de los primeros años del siglo XIX y su evolución posterior dentro de la cultura popular argentina. Del mismo modo, instrumentos como la guitarra, el bombo legüero y el violín acompañan melodías que transmiten costumbres, paisajes e historias de distintas regiones del país.

Más de dos siglos después de la Declaración de la Independencia, la danza continúa siendo una forma de celebrar la identidad argentina. Cada coreografía, cada pañuelo al viento y cada zapateo no solo recuperan una tradición artística, sino que también ayudan a mantener viva una memoria colectiva que trasciende los libros de historia. Porque el 9 de Julio no solo se recuerda con discursos y banderas: también se honra bailando, transmitiendo de generación en generación un patrimonio cultural que sigue uniendo pasado y presente.

Samuel Castriota: A 94 años sin el hombre detrás de “Mi noche triste”

El 8 de julio de 1932 fallecía Samuel Castriota, uno de los pioneros del piano tanguero y autor de la música de “Mi noche triste”, obra fundamental que marcó el nacimiento del tango canción y cambió para siempre la historia de la música rioplatense.

Samuel Castriota

Hay nombres que no siempre ocupan el centro de la escena, pero sin ellos la historia del tango sería imposible de entender. Samuel Castriota es uno de esos casos. Este 8 de julio se cumplen 94 años de la muerte del compositor y pianista nacido en Buenos Aires el 2 de noviembre de 1885, recordado especialmente por haber creado la música de «Mi noche triste», el tango que abrió una nueva etapa en el género y quedó asociado para siempre a la figura de Carlos Gardel.

Castriota perteneció a la generación de músicos que ayudó a transformar al tango desde sus formas más primitivas hacia un lenguaje cada vez más elaborado. Pianista de sólida formación popular, comenzó a tocar en cafés, salones y reuniones porteñas en una época en la que el tango todavía luchaba por ganarse un lugar en la sociedad. Con el tiempo se convirtió en uno de los primeros pianistas dedicados casi exclusivamente al género y dejó una importante producción de tangos, valses y milongas.

Sin embargo, ninguna de sus composiciones alcanzó la trascendencia de «Mi noche triste». La historia de esa obra es, en sí misma, una de las más fascinantes del tango. Castriota había compuesto un tango instrumental titulado Lita. Años después, el poeta Pascual Contursi tomó esa melodía y le agregó una letra cargada de melancolía, abandono amoroso y lenguaje coloquial porteño. El resultado fue «Mi noche triste», considerado por gran parte de los historiadores como el primer tango canción, es decir, el primer gran tango pensado para ser cantado con una letra narrativa y sentimental.

La obra adquirió dimensión histórica cuando Carlos Gardel la incorporó a su repertorio y la grabó en 1917. Esto más su inclusión en el sainete «Los dientes del perro» lanzó el nombre de los autores al conocimiento del público pero también provocó entre ellos roces por motivos económicos, no obstante lo cual volvieron a colaborar, pero sin éxito, en el tango Sentate hermano.

A partir de entonces el tango dejó de ser solamente música para bailar y comenzó también a convertirse en una canción capaz de contar historias, expresar emociones y construir personajes reconocibles para el público. Muchos especialistas señalan que ese cambio modificó para siempre el destino del género.

El propio Castriota fue testigo de cómo aquella melodía nacida como tango instrumental terminaba convirtiéndose en un fenómeno popular de enorme alcance. Aunque continuó componiendo otras piezas, entre ellas «La yerra», «La cotorrita», «Como quiera» y diversos valses y milongas, el peso histórico de «Mi noche triste» terminó eclipsando gran parte de su catálogo.

Su carrera transcurrió entre orquestas típicas, cafés y escenarios porteños en los años de consolidación del tango. Como pianista era reconocido por su conocimiento del repertorio popular y por una forma de tocar que combinaba la tradición criolla con los nuevos recursos que el género iba incorporando. En una época en la que el piano comenzaba a ganar protagonismo dentro de las orquestas, Castriota fue uno de los músicos que ayudó a definir ese camino.

Un día ganó un premio importante en la lotería y se alejó de la música para instalar un negocio de peluquería. Al tiempo, sin embargo, volvió a su pasión e integró como pianista un trío que completaban Vicente Loduca en bandoneón y Francisco Canaro en violín, que actuó algún tiempo por el barrio de la Boca, finalizando cuando decidió formar su propio conjunto.

Samuel Castriota murió el 8 de julio de 1932, cuando el tango ya era una de las expresiones culturales más importantes de la Argentina. Tenía 46 años y dejaba una obra que, quizás sin proponérselo, había cambiado el rumbo de la música ciudadana. Porque más allá de sus composiciones y de su trabajo como pianista, su legado quedó ligado a un hecho decisivo: haber creado la melodía que permitió el nacimiento de «Mi noche triste», el tango que abrió la puerta al tango canción y que todavía hoy sigue sonando en milongas, conciertos y homenajes alrededor del mundo.

Noventa y cuatro años después de su muerte, el nombre de Samuel Castriota continúa apareciendo cada vez que se cuenta cómo el tango pasó de los patios y los salones de baile a convertirse también en una canción capaz de emocionar, narrar y perdurar en la memoria colectiva.