Cada 4 de junio Argentina celebra el Día del Cuarteto, una fecha que recuerda el nacimiento oficial de un género surgido en Córdoba en 1943 y que, más de ocho décadas después, continúa convocando multitudes. La historia de Leonor Marzano, el Cuarteto Característico Leo y la transformación de una música regional en patrimonio cultural reconocido por la UNESCO.

Hay géneros musicales que nacen como una expresión local y permanecen ligados a un territorio. Otros, en cambio, logran atravesar fronteras geográficas, sociales y generacionales hasta convertirse en parte de la identidad de un país. El cuarteto pertenece a este último grupo. Cada 4 de junio, Argentina celebra el Día del Cuarteto, una fecha que recuerda la primera presentación pública del Cuarteto Característico Leo en 1943 y que rinde homenaje a una de las manifestaciones culturales más representativas de Córdoba y de la música popular argentina.
La elección de la fecha remite a un acontecimiento considerado fundacional. El 4 de junio de 1943, el Cuarteto Característico Leo realizó una transmisión radial para los oyentes de LV3 Radio Córdoba que marcó el nacimiento oficial del género. Integrado por Leonor Marzano, junto a su padre Augusto Marzano, Miguel Gelfo, Luis Cabero y Fernando Achaval, el conjunto desarrolló un sonido distintivo que pronto comenzó a diferenciarse de otras expresiones musicales de la época.
En esa construcción tuvo un papel fundamental Leonor Marzano, pianista y figura clave en la historia del cuarteto. Según la tradición más difundida y respaldada por distintas investigaciones sobre el género, fue ella quien desarrolló el característico ritmo conocido como “tunga-tunga”. Con la mano izquierda marcaba en los registros graves del piano un patrón que imitaba el golpe del contrabajo y acentuaba el compás saltado, mientras que con la mano derecha reproducía la alegría melódica propia del acordeón. Esa combinación terminó dando origen a una sonoridad única que se transformó en la marca registrada del cuarteto cordobés.
Aunque sus raíces combinan influencias de géneros europeos como la tarantela italiana, el pasodoble español y algunos ritmos centroeuropeos, el cuarteto desarrolló rápidamente una identidad propia. Durante décadas fue la banda sonora de bailes populares, clubes de barrio y celebraciones comunitarias, especialmente entre los sectores trabajadores de Córdoba.
Su crecimiento, sin embargo, no estuvo exento de obstáculos. Diversas investigaciones y testimonios históricos señalan que el género sufrió durante años el desprecio de ciertos sectores sociales que lo consideraban una música marginal. Además, durante algunos períodos dictatoriales, distintas expresiones de la cultura popular vinculadas a los bailes masivos fueron objeto de restricciones y controles. Lejos de desaparecer, el cuarteto fortaleció su arraigo popular y continuó expandiéndose.
La historia posterior del género puede contarse a través de algunos de sus grandes protagonistas. Figuras como Carlos ‘La Mona’ Jiménez, Rodrigo Bueno, Gary, Jean Carlos, Pelusa y, más recientemente, agrupaciones como La K’onga, Q’Lokura y artistas como Luck Ra, ampliaron su alcance y acercaron el ritmo cordobés a nuevas generaciones de oyentes y bailarines.
El reconocimiento institucional también acompañó ese recorrido. En el año 2000, la Legislatura de Córdoba sancionó la Ley Provincial 8855, que estableció oficialmente el 4 de junio como Día del Cuarteto. Más tarde, en 2013, el Congreso de la Nación declaró al cuarteto Patrimonio Cultural Inmaterial de los Argentinos. El punto más alto de ese proceso llegó en diciembre de 2025, cuando la UNESCO incorporó al cuarteto a la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. De esta manera, se sumó a otras expresiones culturales argentinas reconocidas internacionalmente, como el Tango, el Filete Porteño y el Chamamé.
Hoy, a más de ocho décadas de aquella histórica transmisión radial de 1943, el cuarteto sigue siendo mucho más que un género musical. Es una forma de encuentro social, una tradición bailable que atraviesa generaciones y una de las expresiones culturales más reconocibles de la Argentina contemporánea. Cada 4 de junio, la celebración no solo recuerda un origen: también confirma la vigencia de un ritmo que nació en Córdoba y terminó convirtiéndose en patrimonio de todos.



