La historia del tango argentino encuentra este 14 de mayo una coincidencia singular: en distintas décadas nacieron Mario Canaro, Alfredo Gobbi, Eduardo Del Piano y Julio Martel, cuatro artistas fundamentales para comprender la evolución musical y bailable del género.

El calendario del tango argentino guarda coincidencias que, con el paso del tiempo, terminan convirtiéndose en pequeñas efemérides dentro de la cultura popular. Una de ellas ocurre cada 14 de mayo, fecha en la que nacieron cuatro figuras ligadas al género desde lugares distintos pero profundamente conectados: Mario Canaro en 1903, Alfredo Gobbi en 1912, Eduardo Del Piano en 1914 y Julio Martel en 1923. Entre directores, instrumentistas y cantores, la fecha reúne distintas generaciones que ayudan a recorrer buena parte de la historia del tango argentino del siglo XX.
El primero de esa línea cronológica fue Mario Canaro, hermano menor del célebre Francisco Canaro y miembro de una familia profundamente ligada a la música popular rioplatense. Contrabajista, director y compositor, Mario integró durante años la estructura musical encabezada por su hermano antes de desarrollar proyectos propios en orquestas típicas y compañías teatrales. Su carrera estuvo vinculada a los espacios donde el tango consolidó su expansión masiva: radios, teatros y salones de baile de Buenos Aires. La historia de los Canaro también refleja el fenómeno inmigratorio que atravesó gran parte de la cultura porteña de comienzos del siglo XX: hijos de italianos radicados entre Uruguay y Argentina, encontraron en el tango una vía de desarrollo artístico y profesional.
Nueve años más tarde nació Alfredo Gobbi, una de las figuras más refinadas e influyentes de la llamada “época de oro” del tango. Hijo de Alfredo Eusebio Gobbi y Flora Rodríguez —conocidos artísticamente como “los reyes del gramófono”—, creció rodeado de música y desarrolló desde muy joven una técnica violinística que terminaría marcando a generaciones posteriores. Su orquesta, consolidada especialmente en la década de 1940, combinó precisión rítmica, sensibilidad melódica y arreglos de enorme riqueza musical. Especialistas e investigadores suelen ubicarlo como uno de los grandes continuadores de la escuela musical impulsada por Julio De Caro, especialmente por la sofisticación de sus arreglos y la búsqueda expresiva de su sonido. Obras como La viruta o Camandulaje y registros junto a cantores como Jorge Maciel dejaron una huella profunda tanto en músicos como en bailarines, que todavía hoy encuentran en su orquesta una referencia central para la interpretación del tango de salón.
Esa evolución musical también tuvo en Eduardo Del Piano a uno de sus nombres fundamentales. Nacido en 1914, el pianista y arreglador desarrolló una trayectoria muy valorada dentro del ambiente tanguero por su capacidad de acompañamiento y su sensibilidad musical. Su nombre aparece asociado a importantes orquestas típicas de las décadas del cuarenta y cincuenta, incluyendo su paso por la formación de Ángel D’Agostino, una de las agrupaciones más vinculadas al tango bailable de la época. Del Piano también formó su propia orquesta en 1947, aportando un estilo elegante y rítmico que músicos y coleccionistas continúan destacando. Aunque su figura mantiene un perfil menos popular que otros contemporáneos, especialistas lo consideran uno de los pianistas más finos de su generación.
El más joven de los homenajeados de este 14 de mayo es Julio Martel, nacido en 1923 y convertido con el tiempo en una de las voces reconocibles del tango canción. Su nombre quedó especialmente ligado a la orquesta de Alfredo De Angelis, una de las agrupaciones más populares en las pistas de baile durante los años cuarenta y cincuenta. Dueño de un estilo sobrio y expresivo, Martel construyó una carrera marcada por interpretaciones de fuerte sensibilidad melódica y gran presencia radial en tiempos donde el cantor adquiría cada vez mayor protagonismo dentro de las orquestas típicas. Su voz terminó formando parte de una etapa decisiva para la expansión masiva del tango en Argentina y América Latina.
Más allá de sus diferencias estilísticas y generacionales, los cuatro artistas comparten algo más que una fecha de nacimiento. Sus trayectorias permiten recorrer distintas capas de la historia del tango: desde el crecimiento de las primeras orquestas típicas y la consolidación de la radio hasta la sofisticación musical que transformó al género en una de las expresiones culturales más influyentes del país. Quizás por eso el 14 de mayo ocupa un lugar singular dentro del calendario tanguero: porque reúne en una misma fecha a cuatro nombres que ayudan a explicar la riqueza, diversidad y permanencia de una música que todavía sigue viva en los escenarios, las milongas y las nuevas generaciones de bailarines y oyentes.



