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Pase Cultural para jubilados 2026: cómo acceder a clases de tango, teatro y peñas gratuitas en CABA

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El programa del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires ofrece a jubilados y pensionados acceso a actividades culturales gratuitas, descuentos en teatros, entradas para espectáculos y propuestas vinculadas al tango y la música popular. Qué beneficios incluye, quiénes pueden acceder y cuáles son algunas de las actividades destacadas de junio.

Clase de tango para los jubilados

La cultura también puede ser una herramienta de inclusión y encuentro. Con esa premisa funciona el Pase Cultural para Adultos Mayores, una iniciativa impulsada por el Ministerio de Cultura de la Ciudad de Buenos Aires que busca acercar a jubilados y pensionados a distintas actividades artísticas mediante entradas gratuitas, descuentos y propuestas especialmente pensadas para este sector de la población.

El beneficio está destinado a personas mayores de 60 años que residan en la Ciudad de Buenos Aires y perciban una jubilación o pensión . A través de una credencial física o digital, los beneficiarios pueden acceder a promociones, descuentos, actividades gratuitas y propuestas especiales organizadas por la red de espacios culturales adheridos.

Entre las iniciativas que más interés despiertan entre los amantes de la danza se encuentra la denominada «Milonga de Campeones», un ciclo gratuito que se desarrolla todos los lunes de junio en la Casa de la Cultura, ubicada en Avenida de Mayo 575. La actividad se realiza de 18 a 21 horas y propone una experiencia completa: una clase de tango a las 6 de la tarde, una milonga social con musicalización de DJ desde las 19 y una exhibición de baile a partir de las 20. La entrada es libre, gratuita, sin inscripción previa y sujeta a la capacidad de la sala.

El ciclo comenzó el pasado lunes 1 de junio con la participación de Iván Franco y Magalí Tokian, campeones de la Ciudad de Buenos Aires en la categoría Milonga. Este lunes 8 de junio será el turno de Maxi Cristiani y Evgeniia Samoilova, una dupla integrada por el campeón mundial de Tango de Pista 2013 y la campeona europea de Tango Escenario 2023. La programación continuará el 15 de junio con Karen Digiovanni y Luciano Cáceres, la pareja más elegante del Mundial de Tango 2009; el 22 con Bruno Mayo y Melissa Parra, los campeones de la Ciudad categoría Milonga 2006; y el 29 con Paula Tejeda y Lucas Carrizo, quienes se consagraron campeones de Tango de Pista de la Ciudad 2010. Todas propuestas con reconocidos referentes de la danza tanguera.

Otro de los grandes atractivos del Pase Cultural es el acceso al teatro. Los beneficiarios pueden obtener descuentos de hasta el 50%, promociones 2×1 y, en determinados casos, entradas gratuitas para distintas salas porteñas. Entre los espacios incluidos figuran teatros públicos como el San Martín, el Presidente Alvear, el Regio, el Sarmiento y el Teatro de la Ribera, además de salas independientes y propuestas gestionadas a través de Alternativa Teatral.

La oferta cultural no se limita al tango ni al teatro. Durante los últimos días también se realizaron peñas y encuentros musicales gratuitos destinados a adultos mayores, una propuesta que busca fomentar la participación social y el disfrute de las expresiones populares argentinas. Estas actividades forman parte de una agenda que se renueva periódicamente y que incluye además museos, cine, librerías, conciertos, talleres y visitas guiadas.

Para acceder al beneficio, los interesados pueden realizar el trámite de manera digital a través de la plataforma de Trámites a Distancia del Gobierno de la Ciudad. Además, se recomienda consultar los canales oficiales del Pase Cultural para verificar los puntos de atención presencial habilitados y los requisitos vigentes. Entre las condiciones generales se encuentran tener 60 años o más, ser jubilado o pensionado y acreditar residencia en la Ciudad de Buenos Aires mediante la documentación correspondiente.

En una etapa en la que muchas veces el costo de las entradas o de las actividades recreativas puede transformarse en una barrera, el Pase Cultural se presenta como una herramienta para ampliar el acceso a la vida artística porteña. Ya sea a través de una clase de tango con campeones internacionales, una función teatral, una peña folklórica o una visita a un museo, la iniciativa busca que la cultura siga siendo un espacio de encuentro, aprendizaje y participación para los adultos mayores de la Ciudad.

Día del Cuarteto 2026: el origen del ritmo que nació con Leonor Marzano y conquistó al país

Cada 4 de junio Argentina celebra el Día del Cuarteto, una fecha que recuerda el nacimiento oficial de un género surgido en Córdoba en 1943 y que, más de ocho décadas después, continúa convocando multitudes. La historia de Leonor Marzano, el Cuarteto Característico Leo y la transformación de una música regional en patrimonio cultural reconocido por la UNESCO.

Cuarteto Característico Leo

Hay géneros musicales que nacen como una expresión local y permanecen ligados a un territorio. Otros, en cambio, logran atravesar fronteras geográficas, sociales y generacionales hasta convertirse en parte de la identidad de un país. El cuarteto pertenece a este último grupo. Cada 4 de junio, Argentina celebra el Día del Cuarteto, una fecha que recuerda la primera presentación pública del Cuarteto Característico Leo en 1943 y que rinde homenaje a una de las manifestaciones culturales más representativas de Córdoba y de la música popular argentina.

La elección de la fecha remite a un acontecimiento considerado fundacional. El 4 de junio de 1943, el Cuarteto Característico Leo realizó una transmisión radial para los oyentes de LV3 Radio Córdoba que marcó el nacimiento oficial del género. Integrado por Leonor Marzano, junto a su padre Augusto Marzano, Miguel Gelfo, Luis Cabero y Fernando Achaval, el conjunto desarrolló un sonido distintivo que pronto comenzó a diferenciarse de otras expresiones musicales de la época.

En esa construcción tuvo un papel fundamental Leonor Marzano, pianista y figura clave en la historia del cuarteto. Según la tradición más difundida y respaldada por distintas investigaciones sobre el género, fue ella quien desarrolló el característico ritmo conocido como “tunga-tunga”. Con la mano izquierda marcaba en los registros graves del piano un patrón que imitaba el golpe del contrabajo y acentuaba el compás saltado, mientras que con la mano derecha reproducía la alegría melódica propia del acordeón. Esa combinación terminó dando origen a una sonoridad única que se transformó en la marca registrada del cuarteto cordobés.

Aunque sus raíces combinan influencias de géneros europeos como la tarantela italiana, el pasodoble español y algunos ritmos centroeuropeos, el cuarteto desarrolló rápidamente una identidad propia. Durante décadas fue la banda sonora de bailes populares, clubes de barrio y celebraciones comunitarias, especialmente entre los sectores trabajadores de Córdoba.

Su crecimiento, sin embargo, no estuvo exento de obstáculos. Diversas investigaciones y testimonios históricos señalan que el género sufrió durante años el desprecio de ciertos sectores sociales que lo consideraban una música marginal. Además, durante algunos períodos dictatoriales, distintas expresiones de la cultura popular vinculadas a los bailes masivos fueron objeto de restricciones y controles. Lejos de desaparecer, el cuarteto fortaleció su arraigo popular y continuó expandiéndose.

La historia posterior del género puede contarse a través de algunos de sus grandes protagonistas. Figuras como Carlos ‘La Mona’ Jiménez, Rodrigo Bueno, Gary, Jean Carlos, Pelusa y, más recientemente, agrupaciones como La K’onga, Q’Lokura y artistas como Luck Ra, ampliaron su alcance y acercaron el ritmo cordobés a nuevas generaciones de oyentes y bailarines.

El reconocimiento institucional también acompañó ese recorrido. En el año 2000, la Legislatura de Córdoba sancionó la Ley Provincial 8855, que estableció oficialmente el 4 de junio como Día del Cuarteto. Más tarde, en 2013, el Congreso de la Nación declaró al cuarteto Patrimonio Cultural Inmaterial de los Argentinos. El punto más alto de ese proceso llegó en diciembre de 2025, cuando la UNESCO incorporó al cuarteto a la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. De esta manera, se sumó a otras expresiones culturales argentinas reconocidas internacionalmente, como el Tango, el Filete Porteño y el Chamamé.

Hoy, a más de ocho décadas de aquella histórica transmisión radial de 1943, el cuarteto sigue siendo mucho más que un género musical. Es una forma de encuentro social, una tradición bailable que atraviesa generaciones y una de las expresiones culturales más reconocibles de la Argentina contemporánea. Cada 4 de junio, la celebración no solo recuerda un origen: también confirma la vigencia de un ritmo que nació en Córdoba y terminó convirtiéndose en patrimonio de todos.

Gaspar Godoy: “Dirigir el espectáculo en Chanta Cuatro será una gran alegría y responsabilidad”

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A casi tres décadas de sus primeros pasos en el tango, el bailarín cordobés repasa su recorrido artístico, la conquista del Mundial de Tango, su historia junto a Carla Mazzolini, las giras por Japón, el proyecto social que impulsa en Uruguay y el desafío de asumir la dirección artística del histórico espacio Chanta Cuatro.

Gaspar Godoy y Carla Mazzolini

Hay trayectorias que parecen atravesadas por la casualidad, aunque detrás de ellas existan años de trabajo, formación y perseverancia. La de Gaspar Godoy es una de esas historias. Referente de una generación de bailarines que creció junto a la expansión internacional del tango, el cordobés construyó una carrera que lo llevó desde sus primeras clases siendo adolescente hasta los escenarios más importantes del mundo. Hoy, mientras se prepara para asumir junto a Carla Mazzolini la dirección artística del espectáculo de Carlos Gardel en Chanta Cuatro, mira hacia atrás y encuentra un recorrido marcado por desafíos, viajes, reinvenciones y una pasión que nació casi por sorpresa.

Su primer contacto con el tango ocurrió en 1998, cuando tenía apenas 13 años. Durante un espectáculo de despedida organizado para su hermano mayor antes de emigrar a España, observó desde la platea a una pareja de niños bailando tango. Aquella imagen fue suficiente para despertar su curiosidad. “Recuerdo que miré a mi madre y le dije: ‘si ellos pueden hacer eso y compartir tiempo con mi hermano, yo también lo puedo hacer’”, cuenta. Pocos días después tomó su primera clase y nunca más se alejó del género. “Podemos decir que empecé por envidia”, bromea.

Desde entonces fue testigo privilegiado de la transformación de la escena tanguera. Para Godoy, uno de los puntos de inflexión más importantes fue la creación del Campeonato Mundial de Tango en 2003. “Hubo un quiebre en la historia del tango cuando nació el Mundial. Cambió muchísimo todo y lo sigue haciendo. Creo que la organización del evento no tenía idea que iba a generar tantos cambios dentro de la escena”, asegura. Según explica, la aparición de las categorías Tango de Pista y Tango Escenario modificó profundamente la manera de entender y desarrollar la danza. “Antes de eso, el tango era uno solo”, resume.

Ese mismo año llegó uno de los momentos decisivos de su carrera: la consagración en el campeonato junto a su entonces compañera de baile. Lejos de considerar aquel logro como una meta cumplida, lo recuerda como el verdadero comienzo de su formación artística. “Muchas personas piensan que ganar un Mundial es llegar a todo. Para mí fue un trampolín para darme cuenta de que recién ahí podía empezar a construir mi carrera como artista”, afirma. Al venir de Córdoba, Gaspar no tenía las herramientas para poder desarrollarse bien, y es por eso que aprovechó el impulso para poder empezar a estudiar de manera más profesional lo que quería hacer. El reconocimiento le abrió puertas, le permitió viajar por el mundo y compartir experiencias con figuras que hasta entonces admiraba desde lejos. “Me cambió la vida”.

También gracias a aquella conquista comenzó una relación profesional que se mantiene hasta hoy con Japón. Lo que inicialmente iba a ser una breve experiencia de 15 días, terminó convirtiéndose en un vínculo de más de dos décadas. Godoy recuerda que el primer viaje surgió a través de un productor japonés que conoció a los campeones mundiales y decidió invitarlos a trabajar. Al haber ganado el Mundial, tuvieron un contrato de trabajo durante un año con el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. «No cobramos un peso extra ya que el salario venía por parte del contrato del Estado, por lo que no tuvimos remuneración alguna por el viaje», recuerda. Sin embargo, al enterarse de esto, el productor les ofreció que si ellos trabajaban bien iban a laborar juntos durante mucho tiempo. “Es al día de hoy que llevo 24 años trabajando con él, sin haber firmado nunca nada. Siempre con respeto, honor y la palabra como es tradición en su cultura”, destaca.

En paralelo, la vida personal también fue encontrando su lugar dentro del tango. Su historia con Carla Mazzolini comenzó mucho antes de convertirse en una de las parejas artísticas más reconocidas del circuito. “Primero fue compañera de vida y luego de baile”, cuenta. Se conocieron trabajando en una misma compañía y durante casi dos años, él insistió con invitaciones que siempre recibían la misma respuesta: «Era todos los días tratar de invitarla a una cena, un café o lo que sea, remando y mandándole mensajes para constantemente recibir un ‘no, gracias’ de ella». Hasta que un día ella le aceptó una salida al cine, y desde ese momento sus vidas cambiaron para siempre. Al poco tiempo comenzaron su relación y, hacia 2010, decidieron emprender juntos a la par el camino profesional sobre los escenarios para terminar siendo un dúo que toda persona de la escena conoce y admira.

La pandemia también marcó un antes y un después en sus vidas. En 2020, quedaron varados en Japón junto a su hijo cuando comenzaron a cerrarse las fronteras. Durante aquellos meses inciertos, Godoy se contagió de COVID-19 y permaneció internado durante veinte días: «El tema fue que, al ser la primera oleada en el mundo, los médicos no sabían bien qué darme o cómo tratar el virus, por lo que simplemente me daban un calmante para el dolor y poco más». Tras recuperarse, la familia logró regresar gracias a la intervención de la embajada uruguaya, ya que la argentina en ese momento no tenía vuelos de repatriación, y se instaló en Paysandú. “Se puede decir que gracias al virus arrancamos una nueva vida en otro país”, reflexiona. El cambio fue muy grande en cuanto a la seguridad porque en Buenos Aires vivían en pleno centro y en donde ahora se encuentran es más tranquilo.

Fue precisamente allí donde nació uno de los proyectos que más orgullo le generan: “Paysandú es Tango”. Lo que comenzó como un simple ciclo de clases terminó convirtiéndose en una plataforma de formación artística para jóvenes bailarines. El proyecto creó un elenco estable, impulsó una orquesta de tango, promovió la capacitación de nuevas generaciones e incluso alcanzó notoriedad televisiva al llegar a la final de Got Talent. “La culminación llegó cuando logramos que seis integrantes hoy puedan vivir del tango gracias al proyecto, dos de ellos están en Buenos Aires y los otros cuatro están en Lituania”, confiesa. Para Godoy, el mayor logro fue demostrar que el tango también puede ser una herramienta de desarrollo para los más jóvenes y poder lograr que el género llegue a las escuelas de Paysandú para que los niños tengan la posibilidad de conocerlo desde otra perspectiva.

A lo largo de estos años, también tuvo la posibilidad de convertirse en jurado del Mundial de Tango, una experiencia que describe como un privilegio. “Es estar buscando a los mejores del mundo en el género tanguero y no es poca cosa”, sostiene. Ahora que está como organizador de preliminares, no tiene la autorización para ser juez. Sin embargo, al nacer en los Mundiales, para Gaspar pasar con el tiempo a ser jurado es una satisfacción y una responsabilidad muy grande.

Ahora, sin embargo, el desafío es diferente. La reapertura de Chanta Cuatro lo encuentra dando un paso nuevo en su carrera: asumir la dirección artística de un espectáculo dedicado a Carlos Gardel. Y aunque está acostumbrado a los escenarios, reconoce que esta responsabilidad tiene un peso especial. “Todo tanguero ha querido estar en ese emblemático lugar. Saber que reabre sus puertas y que tenemos la posibilidad con Carla de dirigir el espectáculo es una inmensa alegría y una responsabilidad gigante”, afirma. Para Godoy, el reto implica salir de la comodidad del baile para asumir una mirada integral sobre el espectáculo. “Es salir de la zona de confort del bailarín escénico y ponerse en el papel de director”, concluye.

Si algo demuestra la historia de Gaspar Godoy es que el tango sigue siendo un territorio de transformación permanente. Desde aquel adolescente cordobés que descubrió el género observando a dos niños bailar hasta el director artístico que se prepara para encabezar una nueva etapa en Chanta Cuatro, su recorrido refleja cómo la pasión, la resiliencia y la capacidad de reinventarse pueden convertir una vocación temprana en una vida entera dedicada al arte junto a quienes más amás.

Gualeguaychú vibró al ritmo del 2×4 y ya tiene a sus representantes rumbo al Mundial de Tango BA 2026

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La ciudad entrerriana fue escenario durante el fin de semana de una nueva edición de las Preliminares Oficiales del Tango BA Festival y Mundial. Con competencias, capacitaciones, exhibiciones y una destacada convocatoria de bailarines de distintas provincias, la sede consagró a sus ganadores y definió a la pareja que avanzará a las instancias decisivas del certamen internacional en Buenos Aires.

Gualeguaychú volvió a convertirse este fin de semana en uno de los puntos de encuentro más importantes del tango argentino. Durante el sábado 30 y el domingo 31 de mayo, la ciudad fue sede de las Preliminares Oficiales del Tango BA Festival y Mundial 2026, una de las competencias clasificatorias que integran el circuito internacional rumbo al tradicional certamen que cada año culmina en la Ciudad de Buenos Aires. Con una intensa programación que combinó competencia, formación, exhibiciones y espacios de encuentro para bailarines y aficionados, la ciudad reafirmó su lugar dentro del calendario oficial del tango nacional.

La actividad se desarrolló en el Club Recreo Argentino y reunió a parejas provenientes de Entre Ríos, Santa Fe, Córdoba, Corrientes y también de las ciudades bonaerenses de Zárate y Campana, regiones habilitadas para participar en esta sede. A lo largo de las dos jornadas, el evento ofreció no solo las instancias competitivas, sino también workshops, espacios de intercambio y propuestas abiertas al público, combinando el espíritu de la competencia con actividades vinculadas a la difusión y el fortalecimiento de la cultura tanguera.

La jornada inicial estuvo marcada por las primeras rondas de competencia y por distintas actividades formativas vinculadas a la musicalización, la historia del tango y herramientas coreográficas para la pista. Según destacaron los organizadores, uno de los aspectos más valorados del encuentro fue precisamente la posibilidad de combinar el nivel competitivo con instancias de aprendizaje y reflexión sobre el baile social. El clima de camaradería entre participantes y público fue una de las postales más destacadas del fin de semana.

La definición llegó el domingo 31 de mayo. Desde el mediodía se desarrolló un workshop sobre el abrazo y la caminata como base del baile social, abordando además los acentos rítmicos y melódicos en el fraseo, a cargo de Gisela Paula Natoli y Facundo de la Cruz, dos de las figuras convocadas para integrar el jurado. Más tarde se realizaron las acreditaciones de los finalistas y posteriormente tuvo lugar la semifinal y final de la competencia. La programación incluyó además una exhibición especial de Iván Leonardo Romero y Silvana Núñez, completando una jornada que mantuvo al público siguiendo cada presentación con atención y entusiasmo.

En la categoría oficial Tango Pista, la gran ganadora fue la pareja integrada por Ingrid Iregui, representante de Gualeguaychú, y Luis Ángel Rojas, de Paraná. Gracias a esta consagración, ambos obtuvieron el pase a los cuartos de final que se realizarán en Buenos Aires dentro del marco del Tango BA Festival y Mundial 2026. Además, la organización local otorgará a los campeones pasajes y estadía para participar de esa instancia, uno de los beneficios más valorados por los competidores de las sedes preliminares. El segundo puesto fue para Mariel Quintana Grasso y Cristian Quevedo, representantes de Maciá y Santa Fe, mientras que el tercer lugar quedó en manos de Ángela Sarmiento y Félix Bon, también de Gualeguaychú.

Además de la competencia oficial, la sede entrerriana presentó categorías locales complementarias que ampliaron la participación de los bailarines. En Tango Senior, los campeones fueron Liliana Haydée Salinas y Elbio Omar Peralta, de Santa Fe. El segundo lugar fue para Nancy Beatriz Cisneros y Gualberto Salvador Cuevas, de Campana, mientras que el tercer puesto correspondió a Teresita Torres y Víctor Doello, representantes de Gualeguaychú. Por su parte, en la categoría Vals y Milonga volvieron a imponerse Ingrid Iregui y Luis Ángel Rojas, reafirmando el gran nivel mostrado durante todo el fin de semana. El segundo lugar fue para Mariel Quintana Grasso y Cristian Quevedo, mientras que Ángela Sarmiento y Félix Bon completaron el podio en la tercera posición. Estas modalidades formaron parte de una propuesta especial impulsada por la organización local y no corresponden a las categorías oficiales del Mundial que se disputará en Buenos Aires.

La evaluación estuvo a cargo de un jurado integrado por Gisela Paula Natoli, Silvana Núñez, Iván Leonardo Romero y Facundo de la Cruz, todos referentes con amplia trayectoria en el tango argentino y experiencia en festivales y competencias oficiales. Como veedor oficial participó Martín Frosio, productor general del Festival y Mundial de Tango.

Con una importante convocatoria de público, actividades paralelas y parejas llegadas desde distintos puntos de la región, Gualeguaychú volvió a demostrar por qué se consolidó como una de las sedes oficiales del Tango BA. Mientras los ganadores ya comienzan a prepararse para su próximo desafío en Buenos Aires, la ciudad cerró un fin de semana marcado por la competencia, la formación y el encuentro entre bailarines, reafirmando el lugar que el tango ocupa dentro de la vida cultural de la región.

Andrés Chazarreta y el Día del Folklorista: a 150 años del hombre que llevó las danzas argentinas a los grandes escenarios

Cada 29 de mayo, Argentina celebra el Día Nacional del Folklorista en homenaje al nacimiento de Andrés Chazarreta, figura clave para la preservación y difusión de las danzas y músicas tradicionales. En 2026, además, la fecha coincide con el 150° aniversario del nacimiento del artista santiagueño que transformó para siempre la cultura popular argentina.

Cada 29 de mayo, el calendario cultural argentino vuelve la mirada hacia una figura imprescindible para entender la historia del folklore nacional: Andrés Avelino Chazarreta. La fecha, instituida oficialmente en 2011 mediante la Ley 26.665, recuerda el nacimiento del músico, investigador y recopilador santiagueño nacido el 29 de mayo de 1876, considerado uno de los grandes responsables de haber llevado las danzas tradicionales argentinas desde los patios y reuniones populares hasta los escenarios teatrales del país. Este 2026, además, la conmemoración adquiere un valor especial: se cumplen exactamente 150 años de su nacimiento.

Aunque hoy muchas de las danzas folklóricas argentinas forman parte del patrimonio cultural cotidiano, a comienzos del siglo XX la situación era muy distinta. En una Buenos Aires profundamente influenciada por las modas europeas, las expresiones artísticas del interior del país solían ser vistas como manifestaciones menores o incluso “rústicas”. En ese contexto, Chazarreta emprendió una tarea que terminaría siendo decisiva: recorrer provincias, recopilar músicas, reconstruir coreografías y preservar tradiciones que hasta entonces se transmitían principalmente de manera oral.

Maestro rural, violinista y apasionado investigador, Chazarreta comenzó a reunir bailarines y músicos hacia 1906 para formar lo que luego sería su célebre Compañía de Arte Nativo. Con ese conjunto inició extensas giras por distintas regiones argentinas, presentando gatos, chacareras, zambas, escondidos y vidalas en una época en la que muchas de esas expresiones ni siquiera tenían documentación escrita sistemática. También publicó los libros Coreografía de danzas folklóricas, fundamentales para la enseñanza y preservación de estas manifestaciones culturales.

Uno de los episodios más recordados de su trayectoria ocurrió el 16 de marzo de 1921, cuando presentó a su compañía en el antiguo Teatro Politeama de Buenos Aires. Aquella función es considerada un punto de inflexión para el folklore argentino. La llegada de músicos y bailarines del interior a uno de los escenarios más prestigiosos de la capital generó sorpresa e incluso rechazo en ciertos sectores porteños acostumbrados a espectáculos europeos. Distintas reconstrucciones históricas señalan que parte del público reaccionó con frialdad e incluso abandonó la sala durante la función. Sin embargo, la intervención del escritor e intelectual Ricardo Rojas resultó decisiva: desde las páginas de La Nación defendió el espectáculo y lo definió como “un trozo de la vida del interior trasplantada a la ciudad cosmopolita”. Con el correr de las funciones, la propuesta terminó convirtiéndose en un éxito y abrió una nueva etapa para la difusión del folklore argentino en los grandes escenarios urbanos.

La historia de Chazarreta también está atravesada por episodios simbólicos que reflejan las tensiones culturales de la época. En 1911, por ejemplo, intentó presentarse en el Teatro 25 de Mayo de Santiago del Estero, pero le negaron el espacio bajo el argumento de que estaba reservado “para compañías de primer orden”. Años más tarde, aquel mismo artista terminaría siendo reconocido como uno de los mayores impulsores de la identidad cultural argentina.

Además de compositor y director, Chazarreta realizó una enorme tarea de recopilación histórica. Durante sus viajes reunió centenares de melodías y danzas tradicionales, llegando a registrar cerca de 395 piezas en SADAIC entre obras propias y recopilaciones. Entre sus trabajos más valorados aparece la recuperación de la “Zamba de Vargas”, conocida como «la madre de todas las zambas» y la zamba más antigua de la que se tenga registro musical.

A 150 años de su nacimiento, la figura de Andrés Chazarreta sigue ocupando un lugar central en la danza folklórica argentina. Cada festival, cada peña y cada escenario donde suenan chacareras, gatos o zambas mantiene viva parte de aquella tarea de rescate cultural iniciada hace más de un siglo. El Día Nacional del Folklorista no solo homenajea a un artista fundamental: también recuerda el momento en que las danzas populares argentinas comenzaron a ser reconocidas como una parte esencial de la identidad cultural del país.

25 de Mayo: los bailes que acompañaron a Argentina en la Revolución de Mayo

Entre cielitos, gatos, candombes y contradanzas, la música y el baile también formaron parte de la vida cotidiana en el Buenos Aires de 1810. Qué danzas se practicaban realmente durante la época revolucionaria y cuáles son los mitos históricos que todavía persisten en las celebraciones patrias.

Cada 25 de Mayo, la Argentina vuelve la mirada hacia 1810 para recordar la Revolución de Mayo y la conformación del Primer Gobierno Patrio. Pero además de las discusiones políticas y los acontecimientos históricos que marcaron el inicio del camino independentista, aquella época también estuvo atravesada por la música y la danza, expresiones culturales que reflejaban la diversidad social, étnica y popular del Río de la Plata. Detrás de las escarapelas, los actos escolares y las recreaciones patrióticas, existía un universo de bailes criollos, europeos y afrodescendientes que formaban parte de la vida cotidiana de la sociedad colonial.

Lejos de la imagen homogénea que muchas veces dejaron las representaciones escolares del siglo XX, el Buenos Aires de 1810 convivía con distintas tradiciones culturales. En los salones de las familias acomodadas predominaban danzas europeas como el minué, la contradanza, el vals, la alemanda o las boleras, heredadas de las modas españolas y francesas que circulaban entre la élite virreinal. Mientras tanto, en patios, pulperías y reuniones populares comenzaban a expandirse expresiones criollas que luego se convertirían en símbolos de la identidad folklórica argentina.

Entre esas danzas aparecía el cielito, considerado una de las formas coreográficas más representativas de la época revolucionaria. De raíz criolla y derivado de la contradanza europea adaptada al Río de la Plata, el cielito combinaba música, canto y figuras coreográficas grupales. Distintas fuentes especializadas en folklore argentino señalan que fue una de las primeras manifestaciones musicales vinculadas directamente al clima político y patriótico que acompañó las guerras de independencia.

También se practicaban el gato y el malambo. El gato, llegado desde Lima vía Chile y posteriormente expandido en el territorio rioplatense, se caracterizaba por el juego de galanteo entre las parejas, los desplazamientos ágiles y el uso del pañuelo como elemento expresivo. El malambo, en cambio, era una danza individual masculina asociada al ámbito rural y al lucimiento del zapateo, especialmente entre gauchos y trabajadores de las estancias. Más que una danza social, funcionaba como una demostración de destreza, resistencia y habilidad rítmica.

Otra presencia fundamental de la época era el candombe, practicado por las comunidades afrodescendientes que formaban una parte central de la población porteña de comienzos del siglo XIX. Sus reuniones, muchas veces llamadas “tambos” o “tangos”, términos que hacían referencia a reuniones, fiestas o bailes, incluían música de tambores, canto y danza colectiva. La participación afro en la vida cultural del período fue decisiva, aunque durante décadas quedó invisibilizada en numerosos relatos históricos tradicionales. Hoy, distintas investigaciones académicas y culturales recuperan esa dimensión para comprender de manera más completa el entramado social del Buenos Aires revolucionario.

El caso del pericón merece una aclaración especial. Aunque suele aparecer como la gran “danza patria” en actos escolares y celebraciones oficiales, el Pericón Nacional tal como se conoce actualmente corresponde a una reconstrucción y codificación posterior, desarrollada varias décadas después de 1810. En tiempos de la Revolución existían formas primitivas o antiguas vinculadas al cielito y al pericón temprano, pero no la versión coreográfica estandarizada que se popularizó más adelante con bastonero, figuras complejas y organización escénica definida.

Algo similar ocurre con el vestuario tradicional asociado al 25 de Mayo. Muchas de las imágenes que hoy forman parte del imaginario popular —como los peinetones enormes, las telas a lunares o ciertos vestidos ampulosos— pertenecen en realidad a décadas posteriores. Los especialistas en folklore histórico remarcan que buena parte de la estética utilizada en actos escolares responde más a una construcción simbólica nacional que a una reconstrucción exacta de la moda de 1810. Aun así, esos elementos terminaron consolidándose como parte del lenguaje visual con el que generaciones enteras aprendieron a representar la historia patria.

Con el paso del tiempo, otras danzas folklóricas como la chacarera o la zamba comenzaron a incorporarse a las celebraciones patrias contemporáneas, aunque no correspondan específicamente al contexto de Mayo de 1810. Su presencia actual refleja cómo la fecha fue ampliando su dimensión cultural hasta transformarse en una celebración de la identidad argentina en sentido más amplio.

Más de dos siglos después, el 25 de Mayo continúa encontrando en la danza una de sus expresiones culturales más potentes. Desde los cuadros folklóricos escolares hasta las peñas y festivales populares que se organizan cada año en distintos puntos del país, el movimiento sigue funcionando como una forma de memoria colectiva. Porque además de recordar un hecho político fundacional, las danzas también permiten reconstruir los gestos, sonidos y encuentros de una sociedad que comenzaba a imaginarse como nación.

Premios Tango Siglo XXI 2026: una noche de reconocimientos, homenajes y nuevas voces para la música ciudadana

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La segunda edición de los Premios Tango Siglo XXI reunió el miércoles 20 de mayo en Hasta Trilce a 150 músicos, cantores, compositores, bailarines y referentes de la escena contemporánea del tango en una ceremonia que volvió a poner en primer plano a una generación artística decidida a expandir los límites del género sin perder el vínculo con su tradición. La gala, realizada en Buenos Aires, reconoció producciones editadas durante el último año y consolidó a estos galardones como uno de los espacios más importantes para visibilizar el presente de la música ciudadana.

Impulsados por periodistas, investigadores y trabajadores culturales ligados al tango actual, los Premios Tango Siglo XXI nacieron con el objetivo de distinguir obras y artistas que muchas veces quedan fuera de los grandes circuitos de premiación tradicionales. La ceremonia del miércoles mostró nuevamente esa diversidad estética que atraviesa hoy al tango argentino: desde orquestas típicas y discos milongueros hasta propuestas experimentales, fusiones contemporáneas y nuevos formatos independientes.

Uno de los momentos más emotivos de la noche llegó con el premio a Mejor Disco Orquesta Instrumental para “Legado”, de la Orquesta Típica Julio Pane. El reconocimiento fue recibido por Yoyo Pane en nombre de su padre, histórico bandoneonista y figura fundamental del tango argentino fallecido en 2024. La ovación del auditorio marcó uno de los instantes más conmovedores de una ceremonia atravesada por la memoria y el reconocimiento generacional.

Entre los principales ganadores también sobresalió Noelia Sinkunas, distinguida como Mejor Disco Solista Instrumental por “Las cuatro estaciones”, mientras que “Con todo”, de Horacio Romo, Pablo Agri y Emiliano Messiez, obtuvo el premio a Mejor Disco Grupo de Cámara Instrumental. En la categoría Tango Canción fue reconocida “La noche interminable”, de Orquesta Cuerdas del Plata y Mariana Michi, y en Tango Milonguero el galardón quedó para “Icónico y barrial”, de Orquesta Misteriosa Buenos Aires.

La escena de las nuevas búsquedas también tuvo fuerte presencia durante la premiación. “Tangomorphosis”, de Pablo Estigarribia, ganó en Tango-Fusión; “Re”, de Otros Aires, fue distinguido en Electrotango; y “Julián Peralta: Sofía y los sueños”, de Mariano González Calo, Julián Peralta y Orquesta Cuerdas del Plata, recibió el reconocimiento en Nuevas Tendencias. A su vez, “Rovira 100”, del grupo Sónico, obtuvo el premio Invocación, dedicado a relecturas y reinterpretaciones de obras históricas del tango.

Uno de los datos más comentados de la noche fue el empate en la categoría EP Tango Cantado, donde fueron premiados tanto “Sesión Parque Leloir”, de Julieta Laso, como “Troilo”, de Cucuza Castiello y Tango Bardo. El resultado reflejó dos formas muy distintas —aunque igualmente celebradas— de abordar el repertorio tanguero contemporáneo.

Además de los premios competitivos, la ceremonia incluyó reconocimientos especiales a figuras e instituciones de enorme peso cultural. Entre ellos estuvieron Amelita Baltar, la Orquesta El Arranque, la Escuela Popular de Música de Avellaneda y el programa Metatango de Radio Nacional Tango. También hubo un homenaje In Memoriam para Ana Postigo, actriz, cantante y referente fundamental de la cultura popular argentina.

La conducción estuvo a cargo de Andrés Valenzuela y Marina Combis, mientras que uno de los segmentos artísticos de la noche fue protagonizado por la compañía MyM Proyecto Tango, que presentó un fragmento de la obra “Desarraigo”, dirigida por los coreógrafos Mailén Oucharick y Miguel Santillán. La participación de la compañía aportó el cruce entre música y danza que atraviesa históricamente al tango y que continúa renovándose en las nuevas generaciones escénicas.

Lejos de mostrarse como una escena nostálgica o detenida en el tiempo, la segunda edición de los Premios Tango Siglo XXI volvió a exhibir un panorama dinámico, diverso y en movimiento. Entre homenajes a figuras históricas y nuevas producciones independientes, la ceremonia dejó en claro que el tango contemporáneo sigue encontrando maneras de dialogar con el presente sin perder la memoria de su tradición.

Mario Pomar: a 39 años del adiós a una de las voces más elegantes del tango

El 21 de mayo de 1987 fallecía Mario Pomar, uno de los cantores más refinados del tango argentino. Dueño de un estilo sobrio y expresivo, su recorrido junto a figuras como Carlos Di Sarli lo convirtió en una de las voces más recordadas de la década del cincuenta y en un intérprete profundamente valorado dentro del universo milonguero.

Cada aniversario del fallecimiento de Mario Pomar invita a volver sobre una de las voces más distinguidas del tango argentino de mediados del siglo XX. Nacido en Buenos Aires el 1 de abril de 1920 bajo el nombre de Mario Celestino Corrales, Pomar construyó una carrera marcada por la elegancia interpretativa, el fraseo preciso y una presencia artística que encontró su punto más alto junto a algunas de las grandes orquestas de la época dorada del género. A 39 años de su muerte, ocurrida el 21 de mayo de 1987, su legado continúa vigente entre coleccionistas, músicos, bailarines y aficionados que siguen encontrando en sus grabaciones una síntesis perfecta entre sensibilidad y estilo tanguero.

Sus primeros pasos profesionales llegaron siendo muy joven, cuando comenzó a cantar utilizando todavía su verdadero apellido en actuaciones junto a la orquesta de Federico Scorticati en LR3 Radio Belgrano. Poco después, en 1939, realizó sus primeras grabaciones con la Orquesta Típica Victor, registrando el vals “Vuelve otra vez” y “La mentirosa”. Aquellas interpretaciones tempranas ya dejaban ver una voz de timbre cálido y un estilo contenido que se diferenciaba de los cantores más dramáticos de la época.

Durante la década del cuarenta pasó por formaciones dirigidas por Miguel Caló, Antonio Rodio, Francisco Rotundo y Osmar Maderna, consolidándose lentamente como un cantor respetado dentro del ambiente tanguero. Con Maderna grabó en 1947 el tango “Ausencia”, una de las interpretaciones más recordadas de aquella etapa de su carrera. Sin embargo, el punto decisivo de su trayectoria llegaría algunos años después, cuando Carlos Di Sarli decidió convocarlo para el regreso de su orquesta en 1951. Fue el propio Di Sarli quien le sugirió adoptar el nombre artístico de Mario Pomar, iniciando así la etapa más célebre de su recorrido artístico.

La asociación entre Pomar y Di Sarli dejó algunas de las grabaciones más valoradas por el tango de salón y el ambiente milonguero. Temas como “Tangueando te quiero”, “Tengo un amigo”, “Tormenta”, “Se muere de amor”, “Nido gaucho” y “No me pregunten por qué” siguen siendo considerados ejemplos del equilibrio interpretativo que caracterizó al cantor. Su manera de frasear, sin excesos teatrales pero cargada de intención emocional, encontró un complemento ideal en el piano elegante y la marcación precisa de la orquesta de Di Sarli, una de las preferidas históricamente por los bailarines de tango.

A diferencia de otras figuras más mediáticas de su tiempo, Mario Pomar construyó un perfil artístico discreto y profundamente ligado al trabajo colectivo de las orquestas típicas. Tras la disolución de la formación de Di Sarli a fines de 1955, integró junto a Oscar Serpa y varios músicos el conjunto Los Señores del Tango, que tuvo actividad en radios, escenarios y grabaciones durante fines de los años cincuenta y comienzos de los sesenta. Pero como le ocurrió a buena parte del tango tradicional, el avance de nuevos consumos culturales y la pérdida de espacios en radio y televisión fueron reduciendo la presencia de estas agrupaciones en la vida popular argentina.

Mario Pomar murió en Buenos Aires el 21 de mayo de 1987, apenas semanas después de haber cumplido 67 años. Con el paso del tiempo, su figura fue consolidándose como la de uno de los grandes cantores elegantes del tango clásico, especialmente valorado por quienes encuentran en las voces menos estridentes una profundidad interpretativa singular. En cada nueva escucha de sus registros junto a Di Sarli o Maderna reaparece esa manera serena y precisa de decir el tango, una marca artística que lo mantiene vivo dentro de la memoria sonora de Buenos Aires.

Campeonato de Baile de la Ciudad 2026: Buenos Aires ya tiene a sus nuevos campeones de tango

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Las finales del certamen se realizaron el sábado 16 y el domingo 17 de mayo en la Usina del Arte, donde quedaron definidas las parejas que representarán a la Ciudad en el Tango BA Festival y Mundial 2026. Tras casi dos semanas de competencia, el campeonato reunió tradición, nuevas generaciones y un emotivo homenaje a María Nieves.

Cortesía: Fer Morales Fotografía

El tango porteño volvió a vivir uno de sus momentos más importantes del año con las finales del Campeonato de Baile de la Ciudad 2026, realizadas durante el fin de semana en la Usina del Arte. Las jornadas marcaron el cierre oficial de la 22ª edición del certamen organizado por el Ministerio de Cultura porteño, una competencia que entre el 6 y el 17 de mayo recorrió distintas milongas y espacios culturales de Buenos Aires para celebrar el baile social, la tradición tanguera y la vigencia del género en las pistas actuales.

A lo largo de casi dos semanas, bailarines de distintas generaciones participaron de rondas clasificatorias y semifinales en diferentes espacios de la escena tanguera porteña antes de llegar a la definición en la Usina del Arte, donde el público acompañó ambas jornadas con sala llena. El campeonato incluyó competencias en Tango de Pista, Tango Escenario, Milonga, Vals y Milongueros del Mundo, funcionando además como instancia clasificatoria para el Tango BA Festival y Mundial 2026, uno de los eventos internacionales más importantes del género.

La final de Tango Escenario se desarrolló el sábado 16 de mayo y consagró a Nuria Lazo y Federico Ibañez como campeones de la categoría. Un día después, el domingo 17, llegaron las definiciones de Tango de Pista y el resto de las categorías principales. En Tango de Pista Adulto, los campeones fueron Aldana Belén Figueroa y Matías Gutiérrez, quienes además obtuvieron el primer puesto en la categoría Vals. En Tango de Pista Senior triunfaron Marcela Pilatti y Aldo Romero.

En Milongueros del Mundo Adulto se impusieron Daria Pechatnikova y Alexander Sossa Benitez, mientras que la categoría Senior quedó en manos de María Rosa Corsisky y Patita Palleyro. Por su parte, Magalí Tokian e Ivan Franco se quedaron con el campeonato de Milonga, una de las categorías más celebradas por el público debido a la velocidad, musicalidad e improvisación que exige ese ritmo dentro de la pista.

Las parejas ganadoras obtuvieron además la clasificación para distintas instancias del Tango BA Festival y Mundial 2026, el principal evento competitivo de tango a nivel internacional y uno de los grandes objetivos dentro del circuito profesional de baile.

Uno de los momentos más emotivos del cierre fue el homenaje realizado a María Nieves, una de las figuras más emblemáticas de la historia del tango danza argentino. El tributo contó con la participación de Ricky Barrios, Pancho Martínez Pey, Alejandra Gutty y el Sexteto de Fabio Hager, en uno de los pasajes más celebrados por el público presente.

Más allá de los resultados, el campeonato volvió a reafirmar el rol de las milongas como espacios fundamentales de transmisión cultural y encuentro social dentro de Buenos Aires. Con bailarines jóvenes, referentes históricos y estilos diversos conviviendo en una misma competencia, la edición 2026 mostró nuevamente cómo el tango continúa renovándose sin perder el vínculo con su historia. La consagración de las parejas ganadoras marca ahora el comienzo del camino rumbo al Mundial, pero también deja otra imagen que atraviesa cada edición del campeonato: la de una ciudad que sigue encontrando en el abrazo tanguero una parte esencial de su identidad cultural.

El 14 de mayo en el tango: los aniversarios de Mario Canaro, Alfredo Gobbi, Eduardo Del Piano y Julio Martel

La historia del tango argentino encuentra este 14 de mayo una coincidencia singular: en distintas décadas nacieron Mario Canaro, Alfredo Gobbi, Eduardo Del Piano y Julio Martel, cuatro artistas fundamentales para comprender la evolución musical y bailable del género.

El calendario del tango argentino guarda coincidencias que, con el paso del tiempo, terminan convirtiéndose en pequeñas efemérides dentro de la cultura popular. Una de ellas ocurre cada 14 de mayo, fecha en la que nacieron cuatro figuras ligadas al género desde lugares distintos pero profundamente conectados: Mario Canaro en 1903, Alfredo Gobbi en 1912, Eduardo Del Piano en 1914 y Julio Martel en 1923. Entre directores, instrumentistas y cantores, la fecha reúne distintas generaciones que ayudan a recorrer buena parte de la historia del tango argentino del siglo XX.

El primero de esa línea cronológica fue Mario Canaro, hermano menor del célebre Francisco Canaro y miembro de una familia profundamente ligada a la música popular rioplatense. Contrabajista, director y compositor, Mario integró durante años la estructura musical encabezada por su hermano antes de desarrollar proyectos propios en orquestas típicas y compañías teatrales. Su carrera estuvo vinculada a los espacios donde el tango consolidó su expansión masiva: radios, teatros y salones de baile de Buenos Aires. La historia de los Canaro también refleja el fenómeno inmigratorio que atravesó gran parte de la cultura porteña de comienzos del siglo XX: hijos de italianos radicados entre Uruguay y Argentina, encontraron en el tango una vía de desarrollo artístico y profesional.

Nueve años más tarde nació Alfredo Gobbi, una de las figuras más refinadas e influyentes de la llamada “época de oro” del tango. Hijo de Alfredo Eusebio Gobbi y Flora Rodríguez —conocidos artísticamente como “los reyes del gramófono”—, creció rodeado de música y desarrolló desde muy joven una técnica violinística que terminaría marcando a generaciones posteriores. Su orquesta, consolidada especialmente en la década de 1940, combinó precisión rítmica, sensibilidad melódica y arreglos de enorme riqueza musical. Especialistas e investigadores suelen ubicarlo como uno de los grandes continuadores de la escuela musical impulsada por Julio De Caro, especialmente por la sofisticación de sus arreglos y la búsqueda expresiva de su sonido. Obras como La viruta o Camandulaje y registros junto a cantores como Jorge Maciel dejaron una huella profunda tanto en músicos como en bailarines, que todavía hoy encuentran en su orquesta una referencia central para la interpretación del tango de salón.

Esa evolución musical también tuvo en Eduardo Del Piano a uno de sus nombres fundamentales. Nacido en 1914, el pianista y arreglador desarrolló una trayectoria muy valorada dentro del ambiente tanguero por su capacidad de acompañamiento y su sensibilidad musical. Su nombre aparece asociado a importantes orquestas típicas de las décadas del cuarenta y cincuenta, incluyendo su paso por la formación de Ángel D’Agostino, una de las agrupaciones más vinculadas al tango bailable de la época. Del Piano también formó su propia orquesta en 1947, aportando un estilo elegante y rítmico que músicos y coleccionistas continúan destacando. Aunque su figura mantiene un perfil menos popular que otros contemporáneos, especialistas lo consideran uno de los pianistas más finos de su generación.

El más joven de los homenajeados de este 14 de mayo es Julio Martel, nacido en 1923 y convertido con el tiempo en una de las voces reconocibles del tango canción. Su nombre quedó especialmente ligado a la orquesta de Alfredo De Angelis, una de las agrupaciones más populares en las pistas de baile durante los años cuarenta y cincuenta. Dueño de un estilo sobrio y expresivo, Martel construyó una carrera marcada por interpretaciones de fuerte sensibilidad melódica y gran presencia radial en tiempos donde el cantor adquiría cada vez mayor protagonismo dentro de las orquestas típicas. Su voz terminó formando parte de una etapa decisiva para la expansión masiva del tango en Argentina y América Latina.

Más allá de sus diferencias estilísticas y generacionales, los cuatro artistas comparten algo más que una fecha de nacimiento. Sus trayectorias permiten recorrer distintas capas de la historia del tango: desde el crecimiento de las primeras orquestas típicas y la consolidación de la radio hasta la sofisticación musical que transformó al género en una de las expresiones culturales más influyentes del país. Quizás por eso el 14 de mayo ocupa un lugar singular dentro del calendario tanguero: porque reúne en una misma fecha a cuatro nombres que ayudan a explicar la riqueza, diversidad y permanencia de una música que todavía sigue viva en los escenarios, las milongas y las nuevas generaciones de bailarines y oyentes.